Las falsas convenciones sostenidas por ETA para justificarse y que aún siguen instaladas en ciertos sectores de la sociedad vasca.
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Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración por la UPV/EHU. Actualmente es el responsable de proyectos y comunicación de la Fundación Fernando Buesa Blanco Fundazioa. Obtuvo el VII Premio de Investigación Victimológica Antonio Beristain. Es coautor junto con Antonio Rivera de Fernando Buesa una biografía política. No vale la pena matar ni morir (2020), con quien también ha coeditado Verdaderos creyentes. Pensamiento sectario, radicalización y violencia (2018), El movimiento de víctimas del terrorismo (2021) y Transterrados. Dejar Euskadi por el terrorismo (2022). Ha participado en las obras colectivas El asesinato social y el relato de las víctimas de ETA (2022) y El discurso de ETA, la internacionalización del terror y la ficción audiovisual (2022).
Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad del País Vasco. Director del Instituto de Historia Social Valentín de Foronda y miembro del patronato de la Fundación Fernando Buesa Blanco Fundazioa. Es investigador principal del grupo del sistema universitario vasco “Nacionalización, Estado y violencias políticas. Estudios desde la Historia Social”, y coIP del proyecto del Micin MICROVIO “Microhistoria de la violencia nacionalista”. Sus últimos libros publicados son 20 de septiembre de 1973. El día en que ETA puso en jaque al régimen franquista (Premio Juan José Carreras 2021), Historia de las derechas en España (2022) y La sociedad vasca: ¿pluralidad sin pluralismo? (con I. Sáez de la Fuente, 2024).
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Condición: New. Idioma/Language: Español. El terrorismo nos deja y nos quita cosas. ETA nos dejó casi sin cuestionar una serie de lugares comunes y falsas convenciones que le sirvieron para justificarse y reparar solo en las formas violentas ante la sociedad nacionalista. Son los ?mitos que matan?, aquellos que, como la teoría de los dos bandos, la inevitabilidad de la violencia política o el epítome recurrente (y falso) de la ciudadanía como el Pueblo Vasco, entre otros, sostuvieron ideológicamente el crimen. Con el fin del terrorismo, esos argumentos siguen vivos y penetrando entre sectores contrarios a la violencia, y, sobre todo, entre grupos jóvenes. Pero el terrorismo nos quitó también cosas. Erosionó profundamente la convicción ciudadana en axiomas como la presunción de inocencia, el derecho a un juicio legal y justo, la división de poderes, el respeto de la pluralidad social, el rechazo de la violencia política, la defensa de la democracia como mecanismo de resolución pacífica de los conflictos, y un largo etcétera. Este libro plantea una reflexión acerca de esos lugares comunes que nos dejó en herencia el terrorismo de ETA y de esos valores que nos arrebató o que cercenó, y que necesitamos recuperar para ser una sociedad normalizada, democrática y decente. Un empeño que debe formar parte de las políticas públicas de memoria si se quieren desactivar los mecanismos que un día propiciaron o dieron posibilidades a la violencia política. *** Nota: Los envíos a España peninsular, Baleares y Canarias se realizan a través de mensajería urgente. No aceptamos pedidos con destino a Ceuta y Melilla. Nº de ref. del artículo: 25079523
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Rustica (tapa blanda). Condición: New. Estado de la sobrecubierta: Nuevo. 01. El terrorismo nos deja y nos quita cosas. ETA nos dejó casi sin cuestionar una serie de lugares comunes y falsas convenciones que le sirvieron para justificarse y reparar solo en las formas violentas ante la sociedad nacionalista. Son los mitos que matan, aquellos que, como la teoría de los dos bandos, la inevitabilidad de la violencia política o el epítome recurrente (y falso) de la ciudadanía como el Pueblo Vasco, entre otros, sostuvieron ideológicamente el crimen. Con el fin del terrorismo, esos argumentos siguen vivos y penetrando entre sectores contrarios a la violencia, y, sobre todo, entre grupos jóvenes. Pero el terrorismo nos quitó también cosas. Erosionó profundamente la convicción ciudadana en axiomas como la presunción de inocencia, el derecho a un juicio legal y justo, la división de poderes, el respeto de la pluralidad social, el rechazo de la violencia política, la defensa de la democracia como mecanismo de resolución pacífica de los conflictos, y un largo etcétera. Este libro plantea una reflexión acerca de esos lugares comunes que nos dejó en herencia el terrorismo de ETA y de esos valores q. LIBRO. Nº de ref. del artículo: 1448480
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Condición: Nuevo. El terrorismo nos deja y nos quita cosas. ETA nos dejó casi sin cuestionar una serie de lugares comunes y falsas convenciones que le sirvieron para justificarse y reparar solo en las formas violentas ante la sociedad nacionalista. Son los mitos que matan, aquellos que, como la teoría de los dos bandos, la inevitabilidad de la violencia política o el epítome recurrente (y falso) de la ciudadanía como el Pueblo Vasco, entre otros, sostuvieron ideológicamente el crimen. Con el fin del terrorismo, esos argumentos siguen vivos y penetrando entre sectores contrarios a la violencia, y, sobre todo, entre grupos jóvenes. Pero el terrorismo nos quitó también cosas. Erosionó profundamente la convicción ciudadana en axiomas como la presunción de inocencia, el derecho a un juicio legal y justo, la división de poderes, el respeto de la pluralidad social, el rechazo de la violencia política, la defensa de la democracia como mecanismo de resolución pacífica de los conflictos, y un largo etcétera. Este libro plantea una reflexión acerca de esos lugares comunes que nos dejó en herencia el terrorismo de ETA y de esos valores que nos arrebató o que cercenó, y que necesitamos recuperar para ser una sociedad normalizada, democrática y decente. Un empeño que debe formar parte de las políticas públicas de memoria si se quieren desactivar los mecanismos que un día propiciaron o dieron posibilidades a la violencia política. Nº de ref. del artículo: CIM0032126
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Taschenbuch. Condición: Neu. Neuware - El terrorismo nos deja y nos quita cosas. ETA nos dejó casi sin cuestionar una serie de lugares comunes y falsas convenciones que le sirvieron para justificarse y reparar solo en las formas violentas ante la sociedad nacionalista. Son los "mitos que matan", aquellos que, como la teoría de los dos bandos, la inevitabilidad de la violencia política o el epítome recurrente (y falso) de la ciudadanía como el Pueblo Vasco, entre otros, sostuvieron ideológicamente el crimen. Con el fin del terrorismo, esos argumentos siguen vivos y penetrando entre sectores contrarios a la violencia, y, sobre todo, entre grupos jóvenes. Pero el terrorismo nos quitó también cosas. Erosionó profundamente la convicción ciudadana en axiomas como la presunción de inocencia, el derecho a un juicio legal y justo, la división de poderes, el respeto de la pluralidad social, el rechazo de la violencia política, la defensa de la democracia como mecanismo de resolución pacífica de los conflictos, y un largo etcétera.Este libro plantea una reflexión acerca de esos lugares comunes que nos dejó en herencia el terrorismo de ETA y de esos valores que nos arrebató o que cercenó, y que necesitamos recuperar para ser una sociedad normalizada, democrática y decente. Un empeño que debe formar parte de las políticas públicas de memoria si se quieren desactivar los mecanismos que un día propiciaron o dieron posibilidades a la violencia política. Nº de ref. del artículo: 9788410670419
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Rústica. Condición: New. Estado de la sobrecubierta: Nuevo. 01. El terrorismo nos deja y nos quita cosas. ETA nos dejó casi sin cuestionar una serie de lugares comunes y falsas convenciones que le sirvieron para justificarse y reparar solo en las formas violentas ante la sociedad nacionalista. Son los mitos que matanö, aquellos que, como la teoría de los dos bandos, la inevitabilidad de la violencia política o el epítome recurrente (y falso) de la ciudadanía como el Pueblo Vasco, entre otros, sostuvieron ideológicamente el crimen. Con el fin del terrorismo, esos argumentos siguen vivos y penetrando entre sectores contrarios a la violencia, y, sobre todo, entre grupos jóvenes. Pero el terrorismo nos quitó también cosas. Erosionó profundamente la convicción ciudadana en axiomas como la presunción de inocencia, el derecho a un juicio legal y justo, la división de poderes, el respeto de la pluralidad social, el rechazo de la violencia política, la defensa de la democracia como mecanismo de resolución pacífica de los conflictos, y un largo etcétera. Este libro plantea una reflexión acerca de esos lugares comunes que nos dejó en herencia el terrorismo de ETA y de esos valores que nos arrebató o que cercenó, y que necesitamos recuperar para ser una sociedad normalizada, democrática y decente. Un empeño que debe formar parte de las políticas públicas de memoria si se quieren desactivar los mecanismos que un día propiciaron o dieron posibilidades a la violencia política. LIBRO. Nº de ref. del artículo: 3844011
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