Mientras perseguía mi sueño de toda la vida, convertirme en autora, encontré inspiración en mi hija, Vienna, cuyo amor por todo lo dulce y mágico despertó mi creatividad. Su constante alegría y imaginación fantasiosa—llena de hadas, unicornios y arcoíris—junto con su deseo de que ocurran cosas mágicas, avivó mi pasión por contar historias.
Juntas creamos un cuento de amistad y aventura, impregnado de sus dulces fantasías, celebrando nuestro vínculo y la magia de la creatividad. Al final, Vienna no solo me inspiró a escribir, sino que también me ayudó a descubrir la alegría de la narración que siempre había soñado compartir.