Naira Marco

Alumna durante cuatro años en un colegio de monjas, descubre, con estupor y a la edad de ocho años, que sus padres arderán en el infierno por sus tendencias políticas. Pasa luego a la escuela pública, en la que se dedica a suspender sistemáticamente inglés y música durante al menos tres años consecutivos. Ya adulta, en un intento por demostrar no sabemos muy bien qué, se convierte accidentalmente en profesora en una escuela de música francesa y después en docente CLIL (Content and Language Integrated Learning oh Yeah) en Tenerife. Antes se ha licenciado en Historia con la intención de dedicarse a la investigación si bien abandonará dicho proyecto por causas mayores: una buena mañana, tras varios cambios de rumbo en su línea investigadora y habiendo decidido retomar sus últimas pesquisas, se acerca a la biblioteca lionesa que alberga los documentos que necesita, pero, al llegar, ve que el edificio ha quedado reducido a cenizas tras un pavoroso incendio. A pesar de ser poco mística, lo toma como un signo del Hado y se matricula a continuación en la facultad de Filosofía de Provenza, experiencia infructuosa de la que, sin embargo, no se arrepiente por haberse codeado allí con la célebre hija secreta de Mitterrand (hasta dos veces, junto a la máquina del café). En un intento por escapar a un destino trazado de antemano, accede al conservatorio a la edad más bien de salir de él y se convierte, contra todo pronóstico, en organista titulada. Hoy es profesora de Historia en un instituto de enseñanza secundaria, e intenta evadirse de los tristes y encorsetadores estándares de aprendizaje evaluables de la LOMCE (y de lo que sea que esté por venir) sin caer en el alcoholismo. La música y la escritura ayudan en algo.

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