Jorge Ribeiro, arquitecto, graduado en la U.N.C, Argentina, piloto aviador por vocación y escritor por necesidad, pues aprendí que la escritura es una herramienta y terapia de liberación, porque alguien dijo que es un placer que no se puede traducir.
Escribo para mí, para sentir mi alma hablando, cantando o llorando y a veces, para compartirlo con alguien.
Nací en Mercedes S.L. un pequeño pueblo de una pequeña provincia de un gran país, Argentina.
Un lugar que, en mi memoria, era casi perfecto: una vasta llanura salpicada de árboles hermosos, viejos plátanos y álamos carolinos.
Mis primeros recuerdos se aferran a los paisajes de la niñez, ligados a emociones que el tiempo ha beatificado —es decir, hecho felices, respetables, venerables.
La memoria es un recuerdo de emociones: inevitablemente parcial, insuficiente, selectivo.
La historia, en cambio, adopta necesariamente la forma de un registro;
Escribir, puede ser la amalgama entre la historia y la memoria.
Es ese maravilloso lugar, donde la mentira es la herramienta a través de la cual decimos la verdad.
Sin embargo, y cito a Dickinson, uno aprende, cuando se hace viejo, que ninguna ficción puede ser tan extraña ni parecer tan improbable, como lo sería la simple verdad.