Si hay algo en la vida que soy a ciencia cierta es padre de mis hijos, ellos tres son mi sustento moral y alimento de mi espíritu. Desde el más joven al de más edad hacen de mi vida un crisol de experiencias. Mi esposa, equilibradora sentimental de mi balanza y soporte de la familia, hace que las aguas fluyan siempre en su cauce.
La historia de mi vida es la lucha por extraer de mi interior las historias que ahí oculto. Mas de veinte años antes que ahora, emborronando páginas que no llegaron a ver nunca la luz. El peor critico que puede haber es nuestro propio ser, nos hace ver obstáculo donde no los hay. Quizás la madurez abre puertas que nunca estuvieron cerradas, solo aparentaban estarlo.
Empezar un libro es un parto doloroso. Aun teniendo la idea y el argumento en tu interior, tienes que hallar la minúscula hebra donde comienza esa madeja.
El puerto, donde trabajo, probablemente engulló la mayor parte de mi tiempo que no de mi vida estos años. Las noches sin dormir, los turnos sin descanso forjaron parte de mis experiencias. También las bromas y alegrías que el compañerismo más estrecho catalizan, llegan a dibujar una sonrisa en mi rostro. Unos cuantos quedaron por el camino y se siente casi familia.
En qué libro no hay algo del autor. En los que yo he escrito se mezclan, temores y fantasmas, ilusiones y fantasías, experiencias y malos tragos, con los que quiero representar la naturalidad de la misma realidad.