La mitología, el sincretismo y la oscura belleza de la fantasía —especialmente la que nace de la cultura mexicana— han moldeado mi visión del mundo y se han convertido en mi mejor aliada para explorar aquellas verdades que muchos prefieren ignorar.
Veo la ficción no solo como un medio de expresión, sino como un puente hacia emociones compartidas. Escribo historias que me emocionen lo suficiente como para desear que mis lectores sientan lo mismo, y al mismo tiempo, como un lienzo donde plasmar escenarios tan vibrantes y expresivos como una pintura.
Mis relatos pueden estar envueltos en lo fantástico, pero en esencia, son reflejos de la realidad: los personajes que los habitan no existen, los conflictos pueden parecer irreales y sus situaciones, imposibles en el mundo que conocemos, pero en el fondo, son tan humanos como quien los lee.
No intento ofrecer respuestas, pero sí la posibilidad de un escapismo tan intenso como la paleta más viva, donde incluso los colores más brillantes esconden una verdad que, de algún modo, también es real.