Nací en Madrid y, habiendo vivido siempre en esta amada y odiada ciudad, no es extraño que mi primera novela discurra por sus calles y en una época que, para aquellos que como yo frisábamos por entonces la treintena, resultará más reconocible que la actual.
Antes de esta aventura, en mi primera juventud, escribí mucha poesía y, por entonces, a finales de los setenta, un grupo de amigos amantes de la literatura llegamos a editar dos números de una revista de comunicación.
Después, la universidad y la actividad laboral como ingeniero de aeropuertos me llevaron por caminos más prosaicos y mi empresa me publicó un libro muy técnico, nada aconsejable para la mesilla de noche.
Ha sido en el tiempo de retirada, aprovechando el privilegio de disponer uno de su propio tiempo que ofrece la jubilación, cuando he incursionado en la narrativa y he creado un buen número de relatos cortos y esta ficción criminal de la mano de mis personajes Berrendero y Colín, que me han hecho disfrutar tanto como deseo que lo hagan mis lectores.