Escribo gracias a mi padre, quien tanto me insistió en vida sobre ello, animándome a publicar un libro.
He vivido en más de cuatro países, con tiempo suficiente en cada sitio para empaparme de las similitudes y las diferencias de culturas muy distintas. Cuando decidí publicar, lo hice desde la preocupación y la necesidad de denunciar esos problemas sociales de orden mundial, como el crimen organizado o el terrorismo, entre otros, que nos roban la paz, arruinando al tiempo la belleza de nuestro planeta Tierra.
He comenzado a publicar a mis cincuenta, lo que no me resta ni una pizca de ilusión por conquistar a aquellos lectores que comparten su preocupación conmigo; eso sí, siempre que os atreváis a acercaros a mis páginas, no siempre amables, en las que el humor se cuela también por momentos.
Soy una lectora no impulsiva sino de reposos y reflexiones. Me gustan todos aquellos libros que me dejan pensando. Son esos libros los que me han marcado y los que siempre espero volver a encontrar.
Gracias a aquellos que me han apoyado en mis primeros pasos: maestros, expertos policiales y, por supuesto, mis lectores amigos que con paciencia leen y comentan mis borradores. Más gracias a aquellos que se embarcan en la lectura de un libro de cuya autora nada conocen.
Leer es también un acto de fe.