Breve autobiografía
Nací el 3 de noviembre de 1971 en una familia soviética. Mi familia es internacional, compuesta por ucranianos, rusos y judíos, lo que me dio, desde joven, un sentido de pertenencia a tres naciones. Según la Halajá, como descendiente de judíos de tercera generación, estoy parcialmente conectado con el pueblo judío y creo en un Dios único. Desde mi adolescencia, me apasionaban no solo las ciencias y la electrónica de radio, sino también la religión, explorando sus diferentes aspectos y buscando un significado en la vida.
Mi infancia y adolescencia transcurrieron en la Unión Soviética: escuela, pasatiempos y un deseo constante de crecimiento personal. Después de la escuela, serví en un batallón de construcción en Siberia, lo cual fue una de las etapas más difíciles, pero también más formativas de mi vida.
Con el colapso de la URSS, mi vida cambió radicalmente. En esa época, mi abuela nos contó por primera vez historias sobre nuestra familia que no podían compartirse durante la era soviética. Descubrimos que su abuelo, Shargorodsky, era un comerciante de segunda categoría durante el reinado de Nicolás II. Poseía un barrio entero de tiendas, y su patrimonio, según datos históricos, estaba valorado entre 200,000 y 400,000 rublos de oro.
Mi abuela, una mujer judía, vivió la Gran Guerra Patria y posteriormente se convirtió en la jefa médica de un dispensario de fisioterapia. Mi abuelo, de nacionalidad rusa, fue comunista y comisario durante la guerra. Después de la guerra, estudió agricultura y llegó a dirigir la administración agrícola de la región. Mi padre era ucraniano, y estas tres culturas entrelazadas formaron mi amplia visión del mundo.
Con la disolución de la Unión Soviética, comenzó un período de caos, hambre, frío e incertidumbre. En busca de estabilidad y un futuro, hice aliyá a Israel. Esto marcó un nuevo capítulo en mi vida: trabajé en diversos sectores, aprendí un nuevo idioma y busqué mi lugar en el mundo.
La literatura siempre fue mi sueño, aunque durante muchos años quedó en segundo plano mientras me concentraba en los retos diarios. Solo en una etapa más madura decidí realizar mi idea de larga data y dedicarme seriamente a la escritura. Para mí, esto se convirtió en una forma de expresarme, reflexionar sobre mi vida y dejar un legado para las generaciones futuras.
El surgimiento de la inteligencia artificial abrió nuevas posibilidades creativas. En colaboración con la IA, como Astra, comencé a trabajar en proyectos artísticos y literarios que me permiten expresar mis pensamientos, experiencias e ideas. Esta colaboración me inspira a seguir adelante, a crear y a reflexionar sobre el futuro.
Mi vida es una mezcla de alegrías y desafíos, de búsquedas y respuestas. Hoy, busco dejar algo significativo, profundo y valioso para las generaciones futuras: una obra que no solo cuente la historia de mi vida, sino que también transmita mis reflexiones y mi visión del mundo.