Hola, mi nombre es Vismel Veloz. Nací en Venezuela y hoy en día resido en Panamá.
Desde muy pequeña he sentido admiración por la música, el teatro, el cine, la televisión y todo lo que permitiera la expresión artística.
Escribía canciones, hacía actos de navidad para la familia con mis primos, coreografías y videoclips sin cámara. Cuando sea grande, quiero trabajar de esto, decía.
Tuve la fortuna de hacer muchas de las cosas que siempre soñé: trabajé como cantante, pude dirigir un grupo de teatro, actué en otra compañía de teatral, donde hacíamos giras a nivel nacional. Después de estudiar una carrera que no me gustaba, me gradué en Comunicación Social, ahí me sentía como pez en el agua y gracias a eso, fui la primera de mi promoción.
En el área de producción, Trabajé en los dos canales de televisión más importantes de mi País y me pude desarrollar en programas de variedades, infantiles y novelas, en las que tuve oportunidad, de poner a sonar dos de mis canciones.
En producción se hace de todo un poco, una de las cosas que me tocó, fue escribir los libretos para el programa de niños.Pude aprender mucho y disfruté, que me enviaran a cursos de escritura de guion y libretos.
Cuando me vine a Panamá hice algunos comerciales, para redes sociales, un comercial para cine y pude trabajar de manera temporal, en los dos canales más conocidos de Panamá, también en el área de producción.
Ahora soy madre y es esa pequeña musa, quien me inspira. De ahí nace mi inquietud de escribir libros para niños, porque siempre que le voy a enseñar algo a ella, trato de hacerlo fácil y divertido. Entonces, pensé que a muchos padres, les gustaría lo mismo: explicar cosas que parecen complejas, con un lenguaje fresco, ideal para los niños de ahora.
Quiero enseñarles a entender el mundo en que vivimos y sobre todo, su mundo interior y lo perfectos que son, sin dejar de lado la cultura general, el aprendizaje escolar y la magia.
La primera vez que escribí una historia, tenía 12 años, se llamaba Amor de Leyenda. Ya olvidé muchas cosas de ese relato, pero sí recuerdo la sensación de traer al mundo real, la imaginación. Desde ese momento, me sentí capaz de hacer mil cuentos.
No tengo mil cuentos todavía, pero al revisar mi computador, encontré muchas historias que había escrito y descubrí que eso siempre estuvo en mí. Solo me faltaba un motor, una motivación, que llegó justo a tiempo, mi hija.
Cuando era pequeña, no estaba preocupada por crecer rápido, así que sacar a pasear, la fantasía y la imaginación con estas historias, me hace sentir como la niña de siempre.