Natalya Delgado Chegwin

Soy Natalya, mamá de dos niños, hija, hermana mayor, trabajo medio tiempo y tengo una vida social muy activa – soy muchas personas, a veces al mismo tiempo, lo cual me llena y me abruma a la vez. Es una juxtaposición complicada, pero es mi vida. Quizá el hilo que une todas esas telas de personalidad es que soy escritora. Tengo una maestría y dos pregrados en literatura, lo que me privilegia con un trasfondo muy rico en letras - pero son mis hijos los que me han dado ganas de escribir otra vez. Durante muchos años estuve viajando por el mundo, tratando de encontrarme en diferentes profesiones, idiomas, culturas. Y fue finalmente en Alemania donde sembré raíces y me convertí en quien soy: una mujer de múltiples facetas, con múltiples obligaciones y de múltiples talentos. De nacimiento soy colombiana, por educación soy de Georgia, USA; por locura soy tailandesa, y por mis hijos soy alemana. Y en medio de todo ese desastre, de algún modo sigo siendo yo: Natalya, la que escribe.

Mi carrera como escritora ha sido bastante variada. Empecé como poeta, publicando mi primer libro en 1999, “No Soy Un Ángel”. Luego intenté como novelista, y ya con la novela terminada (bueno, el primer borrador), me robaron la computadora en el Transmilenio de Bogotá y lo tomé como un mensaje del más allá, como una señal de que lo mío no era la literatura. Pero qué equivocada estaba. Empecé un blog en español, luego uno en inglés, luego uno en alemán... y luego tuve un hijo, y después otro, y después un trabajo corporativo de tiempo completo... y las prioridades cambiaron y el tiempo era escaso. En el 2014 me salió del alma “Los Viajes del Caimán”, mi primer cuento para niños. Tres años después, me salió del corazón “De cómo el elefante dejó de ser chiquito”, tres años después nació “Había una vez un niño”, y ahora, lo más reciente es “¿Qué soñaste anoche?”. Ya veremos qué pasará en 3 años que inspire una nueva historia.

Una de las preguntas que más recibo es, “¿de dónde sacas el tiempo para escribir?” La respuesta más honesta que puedo dar es NO SÉ. Lo que ha pasado con estos cuentos es que son más o menos basados en la vida real; a veces basados en varios momentos de la vida real que se mezclan para crear una sola historia. Entonces las palabras dan vueltas en mi cabeza y se posicionan de tal forma que hacen oraciones y esas oraciones se convierten en cuento. Entonces lo escribo, y lo dejo reposar una semana. A veces dos. Y lo vuelvo a leer, hago algunos cambios – borro algo, añado otra cosa, esta palabra no, esta coma aquí, sí, oh por dios cómo es que no puse tilde aquí. Y después lo dejo reposar otra vez. Si cuando lo vuelvo a leer me hace sentir mariposas en el estómago, o me hace aguar los ojos, me identifico con el cuento y lo considero listo. Entonces le mando todas esas palabras organizadas a la ilustradora y ella hace su magia, ella mira mis palabras y las dibuja, y esos dibujos se convierten en las ilustraciones que le han dado vida al caimán, al elefante chiquito, al niño al que no le gusta nada, y a los sueños de la abuela. El libro se monta a Amazon y como por arte de magia llega a tus manos. Pero para responder de manera más concreta la pregunta inicial, de cómo saco el tiempo para escribir: no saco el tiempo. El cuento que está dando vueltas en mi cabeza me saca de la rutina diaria y fluye de mi corazón, de mi alma, de mi vida, a las páginas que espero que tengas en tus manos.

Para mi primer libro para niños, “Los Viajes del Caimán,” me uní con la increíblemente talentosa Cris Motta, brasileña de nacimiento, marsellesa por residencia, y artista ante nada. Cuando le conté el cuento del caimán, ella se embarcó en el plan sin dudarlo y con crayolas, pasteles y acuarelas, le dio vida al Caimán que dio un paseo por Europa antes de asentarse en la Puerta de Oro de Colombia. Además de tener las ilustraciones del cuento del caimán, tengo también dos Mottas originales en mi casa. Claramente soy fan de su arte, y nuestra unión para darle vida al caimán fue perfeita.

Mi amiga Catalina Velásquez Uribe ilustró los libros del elefante y del niño. Nos comunicamos casi de manera telepática, ya que las dos tenemos hijos de las mismas edades, y además ambas somos colombianas expatriadas en Alemania. Elegimos la plataforma de Amazon (KDP) para publicar nuestros libros para llegar fácil y rápidamente a todo el mundo. Habiendo vivido en 5 países diferentes (¡¡¡4 continentes!!!), me enorgullece decir que tengo amigos y familia en muchos países, con quienes quiero poder compartir mis cuentos.

Mi libro más reciente fue una experiencia de la vida real: me encontré a mi mamá contándole a mis hijos sobre sus sueños. Por supuesto escribí un cuento sobre esa escena. Yo sabía cómo tenían que ser las ilustraciones, pero lo mío es el lápiz y no el pincel. Necesitaba que una abuela ilustrara el cuento de la abuela… de modo que lo más natural fue pedirle a mi mamá alemana, Hilke Siedenburg, que le diera vida a mis palabras con sus acuarelas. Y así es como nace un libro de un sueño, entre abuelas.

Yo no vivo de mis cuentos, ya que no me ofrecen un piso económico para financiar mi vida. Así que en la vida real, trabajo. Durante dos años tuve un importantísimo puesto de tiempo completo en una enorme corporación multinacional – que me ofrecieran ese puesto (¡con ese sueldo!) fue valiosísimo para mi como persona y como mujer. Necesitaba comprobarme a mi misma que mis neuronas seguían vivas, que las sinapsis eran más que reacciones biológicas para proteger a mis hijos, y que mi materia gris era más que plastilina de muchos colores mezclados restregada en la alfombra de la sala. Me lo demostré, me lo creí, y cuando volví a sentirme YO, decidí dejar de lado el estrés corporativo, las Teams calls, las spreadsheets y el tiempo completo, para cambiar de vida: ahora tengo un trabajo de medio tiempo (y medio sueldo) que me ofrece algo que no sabía que tan desesperadamente necesitaba: T I E M P O. Ahora trabajo en una empresa pequeña donde soy Natalya y no un número; donde, cuando apago la computadora, se acaba mi día laboral y puedo pasar tiempo con mis hijos; donde puedo sacar el tiempo para escribir, para (eventualmente) seguir con el Blog, para contarte más cuentos. Entonces no, no vivo de mi carrera literaria. Pero con la compra de cada uno de mis libros, le das vida a mi sueño de ser escritora tiempo completo.

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