Este libro representa para mí un retorno a mi antigua pasión, la arqueología; ciencia que estudié años atrás y a la que regresé en mi jubilación anticipada. Nací en Hungría y cursé los estudios de Arqueología Clásica e Historia del Arte en Budapest. Continué mis estudios en Salzburgo (Austria) y, posteriormente, en Múnich (Alemania), donde obtuve mi grado de Doctor en Filosofía cum laude con enfoque en historia de la arquitectura. Al trasladarme a California un año después de mi graduación, me interesé rápidamente por la creciente revolución de los microcomputadores y regresé a la universidad para licenciarme en Informática. Pasé los siguientes 35 años trabajando en el área de programación y diseño de microcomputadores. Fue divertido, un gran reto que me permitió entrenar la lógica, el trabajo de precisión y el pensamiento crítico. Finalmente, esta profesión me permitió jubilarme anticipadamente y empezar a viajar extensamente.
En un viaje a Cusco en 2010, una caminata por el Parque Arqueológico de Saqsaywaman me hizo revivir mi vieja pasión por la arqueología. Aprendí español y estudié paleografía hispánica, y empecé a leer y a investigar seriamente sobre la arquitectura inca.
Cayó en mis manos un libro de A. Hyatt y Ruth Verrill que citaba el testimonio de un antiguo príncipe inca al virrey Francisco de Toledo en el año 1572, en el que afirmaba que «las construcciones ciclópeas “siempre” habían estado allí: que su pueblo ni siquiera tenía una tradición referente a quienes las hicieron y que siempre habían creído que fueron una labor de los dioses o realizadas por obra de magia».
En mi afán por encontrar la fuente original de esta cita, me contacté con un investigador de los estudios de los Verrill y descubrí que las notas de A. Hyatt Verrill habían desaparecido. Sin darme por vencido, viajé hasta el archivo de Salt Lake City para indagar en los manuscritos de su esposa arqueóloga, Ruth Verrill. Siguieron los archivos de Madrid, Sevilla, Lima y Cusco. Todavía no he encontrado el documento original en castellano de esta cita que el secretario del virrey, Álvaro Ruiz de Navamuel, dejó por escrito. Posiblemente el documento se perdió durante la reorganización de los archivos de Castilla a finales de la década de los cincuenta del siglo pasado. No obstante, encontré declaraciones de los primeros cronistas españoles y diferentes trabajos académicos que, de manera semejante, atribuyen los muros ciclópeos a períodos mucho más anteriores a la época «preincaica».
En Lima y Madrid me encontré con trabajos de académicos muy reconocidos tales como el historiador argentino Roberto Levillier y el exdirector del Museo Arqueológico de Lima, el estadounidense Philip Ainsworth Means, que hablaban de la civilización preincaica.
Debo admitir que me encanta ver series policiales británicas y una de mis frases favoritas es del inspector Morse que, tras recopilar todas las pruebas condenatorias del caso, le dice a un académico de Oxford: «Mira, es totalmente lógico y la aplicación de la lógica…»
Mi intención es que este libro sea una mera compilación de pruebas documentadas y comentadas para el extraño caso de Saqsaywaman, por lo que se presenta como una «serie policial inversa». Basándome en las pruebas fotográficas, archivísticas, bibliográficas y geoquímicas, insinúo quién no lo ha podido hacer y animo a los lectores a ser el «jurado» y a decidir los méritos del caso.