Cuando murió Celia Cruz, el 17 de julio del 2003, más de medio millón de personas --en Miami y en Nueva York-- esperaron en fila durante horas para presentarle sus últimos respetos. Varios millones más, le rindieron homenaje en pequeñas celebraciones conmemorativas, organizadas en sus propias casas y en festivales callejeros a través del mundo entero.
De su modesta infancia en Cuba, a sus años de exilio en México y su impresionante carrera en Estados Unidos, de sus extravagantes vestidos a su personalidad sencilla y reservada, Celia fue sin duda alguna, una mujer de contrastes. Era sincera, espontánea y accesible para sus fans, pero siempre muy privada. Era desinhibida sin ser decadente, honesta sin ser ofensiva, confiada sin ser arrogante y generosa a más no poder. Sin embargo, antes que nada, Celia era una mujer auténtica. Y es esa autenticidad que la caracterizaba, la que hizo que su público llegara a quererla tanto.
Basado en más de 500 horas de entrevistas grabadas tan sólo unos meses antes de su muerte, Celia incluye fotografías y anécdotas inéditas sobre la vida de Celia Cruz, revelándole a sus millones de admiradores, una vida que había permanecido muy privada a pesar de haberse vivido sobre el escenario.
Celia es la celebración de la vida de una mujer dotada de un talento extraordinario. Es la historia de una mujer apasionada, trabajadora que tenía una fe indestructible en Dios y en toda la humanidad. En estas, sus últimas palabras, le rinde homenaje al público que tanto la adoraba.
Celia Spa
Mi VidaBy Celia CruzRayo
Copyright © 2005 Celia Cruz
All right reserved.ISBN: 0060751509Uno
Mi Madre, Cuba
Todo el mundo sabe que siempre he dicho que no quierohacer un libro sobre mi vida. Yo preferiría hacer una película,pero no un libro. Y, sin embargo, aquí estamos. Lo hago porquecuando yo ya no esté, va a haber quien diga, «Celia eraasí», y otros que dirán, «No, ella era de esta otra manera». Ental caso, prefiero decirlo yo, para que nadie nunca pueda decirlo que yo pienso de mi propia vida. Nunca.
Este libro reúne mis opiniones, mis recuerdos, mis puntosde vista y mis sentimientos. Donde exista una diferencia entremi experiencia y la de otros, sencillamente les recuerdo quecada cual ve las cosas a su manera. Este libro y estos recuerdosson los míos. ¿Y quién mejor que yo para contarlos?
Me llamo Úrsula Hilaria Celia Caridad Cruz Alfonso. Soyhija de Catalina Alfonso, a quien todos le decían «Ollita», yde Simón Cruz. Nací en La Habana, Cuba, en la secciónmás pobre de un barrio de clase media y trabajadora dondevivían personas de todas las razas y colores. El barrio se llamabaSantos Suárez, y la casita donde nací y me crié estabasituada en la calle Serrano, nro. 47, entre las calles SantosSuárez y Enamorados. Como ha habido tantos cambios horrorososen Cuba -- y desde que salí, más nunca he vuelto -- ,no sé si aquella casita en la que viví todavía existe como larecuerdo.
Mi primera aparición en la escena fue el veintiuno de octubre de mil novecientos algo. Es decir, nunca divulgaré el añoen que nací. Nunca me quito la edad, pero tampoco la digo.Quien quiera saber el año en que nací, tendrá que esperar. La funerariaalgún día lo dirá, pero lo que soy yo, no les contaré nada.Tendrán que seguir adivinando.
El asunto de mi nacimiento fue algo muy grande entre mitía Ana y mi mamá Ollita, ya que las dos hermanas se queríanmucho. Resulta que cuando Ollita estaba en estado conmigo, atía Ana se le murió una hijita recién nacida. La muerte de esaniñita la afectó tanto, que más nunca quiso volver a tener hijos.
Ollita estaba en La Habana cuando murió la hija de tía Ana, ypuesto que tía Ana vivía a unos doscientos kilómetros, en la ciudadde Pinar del Río, mi mamá -- con un embarazo reciente -- ,tuvo que viajar hasta allá para ayudar a consolar a su hermana.Cuando Ollita llegó a la casa de mi tía y de su marido, Panchito,la encontró con la niña muerta en sus brazos, rodeada de otrasmujeres que le suplicaban y le rogaban que se desprendiera delcadáver. Ollita se le acercó a su hermana, y con besos y ternurasla calmó hasta que al fin soltó a su hijita, resignándose a su tristesuerte.
Aunque tía Ana estaba sin consuelo, mi mamá le decía: «Ana,cuando un niño muere al nacer o cuando nace muerto, es que sualma va a regresar. Tienes tú que marcar a la bebita para quevuelva a nacer en la familia». Pero creo que mi mamá nunca seimaginó que su hermana se tomaría esas palabras tan en serio.
Prepararon a la niña difunta para el velorio y comenzaron losrezos. Pero tía Ana ni siquiera lloraba; simplemente se manteníaen silencio, con la mirada fija en el féretro. Pero de repente se levantósin decir palabra alguna, se inclinó sobre el ataúd donde reposabasu hija, y le dijo: «Yo sé que algún día tú vas a regresar, yyo te voy a esperar. Para poder reconocerte, te voy a jorobar los deditos». Con eso, le agarró los meñiques y se los dobló hacia lospulgares hasta que se oyó un ¡crac! y todo el salón quedó en silencio.
Ollita, que estaba sentada en una silla cerca del féretro, mecontó que sufrió una impresión tan grande cuando vio lo quehizo su hermana, que sintió como si alguien la hubiera golpeadoen el pecho y que hasta me sintió saltar en su vientre. Me contóque se le fue el aire y que casi se desmaya, pero que las demás señoraspresentes corrieron a sostenerla, darle agua y tranquilizarlacon aire fresco que le echaban con abanicos de paja. Al día siguientele dieron cristiana sepultura a mi primita difunta, yOllita se quedó por unos días con tía Ana en Pinar del Río, antesde regresar a La Habana.
Unos meses más tarde, durante una tarde fresca, Ollita se encontrabasentada en el portal de la casa de Santos Suárez, cantandocomo de costumbre. De pronto sopló una fuerte brisa quela hizo taparse los brazos para protegerse del frío, y en el momentoque se iba a levantar para ponerse una mantillita, oyócomo si le dijeran un nombre en el oído. A partir de ese momentomi mamá supo que yo iba a ser una niña y que me llamaríaCelia Caridad.
En mi amada Cuba hay sólo dos temporadas: la seca y la delluvia, y en las dos hace mucho calor. A fines de octubre, lasfuertes lluvias se calman un poco, pero aun así, todo el mundo seprepara, porque se sabe que se aproxima un fuerte calor cargadode humedad. Fue en esos días -- rodeada de cantos y rezos-- quedecidí entrar en el mundo.
Como se sentía tan pesada y tan torpe, Ollita pasaba eltiempo mirándose la barriga, y ese día se la vio enorme. Con tantosfríjoles negros y arroz que se comían en esa época en Cuba,los niños nacían grandes. De hecho, mi mamá me contó que el día en que nací, su barriga se sentía tan grande y tan pesada queapenas lograba mantenerse de pie. Comprendió entonces quesólo faltaban pocas horas para que naciera, y así fue.
Continues...Continues...Excerpted from Celia Spaby Celia Cruz Copyright © 2005 by Celia Cruz. Excerpted by permission.
All rights reserved. No part of this excerpt may be reproduced or reprinted without permission in writing from the publisher.
Excerpts are provided by Dial-A-Book Inc. solely for the personal use of visitors to this web site.