Por primera vez, y en sus propias palabras, Celia Cruz cuenta la historia de su vida, sus alegrías, sus tristezas y los múltiples obstáculos que tuvo que enfrentar para convertirse en una de las artistas más destacadas de nuestra época.
Cuando Celia Cruz murió , el 17 de julio del 2003, más de medio millón de personas -- en Miami y en Nueva York -- esperaron en fila durante horas para presentarle sus últimos respetos a la Reina de la Salsa. Varios millones más le rindieron homenaje en pequeñas celebraciones conmemorativas, organizadas en sus propias casas y en festivales callejeros a través del mundo entero.
Al son de su inconfundible voz y las canciones que la llevaron a la cima, la muerte de la Reina de la Salsa fue marcada por el mismo gozo que ella supo transmitirle a millones de personas a todo lo largo de su increíble vida y su carrera, una carrera que abarcó toda la segunda mitad del siglo veinte.
Sin embargo, a pesar de su fama y popularidad, la vida de Celia Cruz siempre estuvo cubierta por un velo de misterio. Hasta ahora, nunca le había contado a nadie la historia de su vida y nadie nunca había visto su colección privada de fotos. En este libro, por fin les abre las puertas a sus admiradores y nos cuenta su historia, en sus propias palabras.
De su modesta infancia en Cuba, a sus años de exilio en México y su impresionante carrera en Estados Unidos, de sus extravagantes vestidos a su personalidad sencilla y reservada, Celia fue sin duda alguna, una mujer de contrastes. Era sincera, espontánea y accesible para sus fans, pero siempre fue muy privada con su vida personal. Era desinhibida sin ser decadente, honesta sin ser ofensiva, confiada sin ser arrogante y generosa a más no poder. Sin embargo, antes que nada, Celia era una mujer auténtica. Y esa autenticidad que la caracterizaba, es la que hizo que su público la quisiera tanto.
Basado en más de 500 horas de entrevistas grabadas tan sólo unos meses antes de su muerte, Celia incluye fotografías y anécdotas inéditas sobre la vida de Celia Cruz, revelándole a sus millones de admiradores, una vida que había permanecido muy privada a pesar de haberse vivido sobre el escenario.
Celia es la celebración de la vida de una mujer dotada de un talento extraordinario. Es la historia de una mujer apasionada, trabajadora y que tenía una fe indestructible en Dios y en toda la humanidad. En estas, sus últimas palabras, le rinde homenaje al público que tanto la adoraba.
Celia Spa
Mi VidaBy Cruz, CeliaRayo
ISBN: 0060726067Uno
Mi Madre, Cuba
Todo el mundo sabe que siempre he dicho que no quierohacer un libro sobre mi vida. Yo preferiría hacer una película,pero no un libro. Y, sin embargo, aquí estamos. Lo hago porquecuando yo ya no esté, va a haber quien diga, «Celia eraasí», y otros que dirán, «No, ella era de esta otra manera». Ental caso, prefiero decirlo yo, para que nadie nunca pueda decirlo que yo pienso de mi propia vida. Nunca.
Este libro reúne mis opiniones, mis recuerdos, mis puntosde vista y mis sentimientos. Donde exista una diferencia entremi experiencia y la de otros, sencillamente les recuerdo quecada cual ve las cosas a su manera. Este libro y estos recuerdosson los míos. ¿Y quién mejor que yo para contarlos?
Me llamo Úrsula Hilaria Celia Caridad Cruz Alfonso. Soyhija de Catalina Alfonso, a quien todos le decían «Ollita», yde Simón Cruz. Nací en La Habana, Cuba, en la secciónmás pobre de un barrio de clase media y trabajadora dondevivían personas de todas las razas y colores. El barrio se llamabaSantos Suárez, y la casita donde nací y me crié estabasituada en la calle Serrano, nro. 47, entre las calles SantosSuárez y Enamorados. Como ha habido tantos cambios horrorososen Cuba -- y desde que salí, más nunca he vuelto -- ,no sé si aquella casita en la que viví todavía existe como larecuerdo.
Mi primera aparición en la escena fue el veintiuno de octubre de mil novecientos algo. Es decir, nunca divulgaré el añoen que nací. Nunca me quito la edad, pero tampoco la digo.Quien quiera saber el año en que nací, tendrá que esperar. La funerariaalgún día lo dirá, pero lo que soy yo, no les contaré nada.Tendrán que seguir adivinando.
El asunto de mi nacimiento fue algo muy grande entre mitía Ana y mi mamá Ollita, ya que las dos hermanas se queríanmucho. Resulta que cuando Ollita estaba en estado conmigo, atía Ana se le murió una hijita recién nacida. La muerte de esaniñita la afectó tanto, que más nunca quiso volver a tener hijos.
Ollita estaba en La Habana cuando murió la hija de tía Ana, ypuesto que tía Ana vivía a unos doscientos kilómetros, en la ciudadde Pinar del Río, mi mamá -- con un embarazo reciente -- ,tuvo que viajar hasta allá para ayudar a consolar a su hermana.Cuando Ollita llegó a la casa de mi tía y de su marido, Panchito,la encontró con la niña muerta en sus brazos, rodeada de otrasmujeres que le suplicaban y le rogaban que se desprendiera delcadáver. Ollita se le acercó a su hermana, y con besos y ternurasla calmó hasta que al fin soltó a su hijita, resignándose a su tristesuerte.
Aunque tía Ana estaba sin consuelo, mi mamá le decía: «Ana,cuando un niño muere al nacer o cuando nace muerto, es que sualma va a regresar. Tienes tú que marcar a la bebita para quevuelva a nacer en la familia». Pero creo que mi mamá nunca seimaginó que su hermana se tomaría esas palabras tan en serio.
Prepararon a la niña difunta para el velorio y comenzaron losrezos. Pero tía Ana ni siquiera lloraba; simplemente se manteníaen silencio, con la mirada fija en el féretro. Pero de repente se levantósin decir palabra alguna, se inclinó sobre el ataúd donde reposabasu hija, y le dijo: «Yo sé que algún día tú vas a regresar, yyo te voy a esperar. Para poder reconocerte, te voy a jorobar los deditos». Con eso, le agarró los meñiques y se los dobló hacia lospulgares hasta que se oyó un ¡crac! y todo el salón quedó en silencio.
Ollita, que estaba sentada en una silla cerca del féretro, mecontó que sufrió una impresión tan grande cuando vio lo quehizo su hermana, que sintió como si alguien la hubiera golpeadoen el pecho y que hasta me sintió saltar en su vientre. Me contóque se le fue el aire y que casi se desmaya, pero que las demás señoraspresentes corrieron a sostenerla, darle agua y tranquilizarlacon aire fresco que le echaban con abanicos de paja. Al día siguientele dieron cristiana sepultura a mi primita difunta, yOllita se quedó por unos días con tía Ana en Pinar del Río, antesde regresar a La Habana.
Unos meses más tarde, durante una tarde fresca, Ollita se encontrabasentada en el portal de la casa de Santos Suárez, cantandocomo de costumbre. De pronto sopló una fuerte brisa quela hizo taparse los brazos para protegerse del frío, y en el momentoque se iba a levantar para ponerse una mantillita, oyócomo si le dijeran un nombre en el oído. A partir de ese momentomi mamá supo que yo iba a ser una niña y que me llamaríaCelia Caridad.
En mi amada Cuba hay sólo dos temporadas: la seca y la delluvia, y en las dos hace mucho calor. A fines de octubre, lasfuertes lluvias se calman un poco, pero aun así, todo el mundo seprepara, porque se sabe que se aproxima un fuerte calor cargadode humedad. Fue en esos días -- rodeada de cantos y rezos-- quedecidí entrar en el mundo.
Como se sentía tan pesada y tan torpe, Ollita pasaba eltiempo mirándose la barriga, y ese día se la vio enorme. Con tantosfríjoles negros y arroz que se comían en esa época en Cuba,los niños nacían grandes. De hecho, mi mamá me contó que el día en que nací, su barriga se sentía tan grande y tan pesada queapenas lograba mantenerse de pie. Comprendió entonces quesólo faltaban pocas horas para que naciera, y así fue.
Continues...Excerpted from Celia Spaby Cruz, Celia Excerpted by permission.
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