Había una biblioteca enterrada bajo la corteza del universo.
No estaba hecha de libros, sino de edades: pliegues de tiempo cristalizado, susurrando con voz de ruinas.
Allí se acumulaban los calendarios de lo no dicho, de lo vivido sin ser anotado, de lo sentido sin ser comprendido.
Aquel lugar, ajeno a las agujas del reloj, guardaba un secreto: el mundo no tiene una sola edad, sino infinitas superpuestas, como cortezas que alguna vez fueron núcleo.
Y en ese abismo de edades simultáneas, la Historia no era una línea, sino un eco resonante, fragmentado, errante.
Victor Hugo, desde su rincón eterno, miraba esa biblioteca sin puertas.
Tenía la frente surcada por los siglos y los ojos iluminados por la memoria de los pueblos.
—Las edades de los hombres —murmuraba— no coinciden nunca con la edad del mundo.
Cada generación cree haber nacido en la cima del progreso…
cuando en realidad despierta en medio de un derrumbe silencioso.
Einstein, a su lado, desplegaba fórmulas en el aire con dedos que parecían hechos de tiempo dilatado.
—No hay reloj que mida la infancia de una piedra, ni teoría que encierre la nostalgia de una célula.
La edad del mundo no se calcula…
se contempla.
Ambos callaron, como si una tercera presencia invisible los escuchara.
Era la misma que había estado en las cavernas pintadas, en los códices incendiados, en los papiros extraviados, en las redes neuronales del mañana.
El calendario del olvido no marcaba fechas.
Su única página era la piel de quienes aún preguntaban:
—¿Qué edad tiene este mundo…
y cuántas de esas edades hemos olvidado?
Y con esa pregunta, el lector abre no un relato, sino un ritual de recuperación del tiempo perdido, del tiempo enterrado, del tiempo que aún no ha aprendido a nombrarse.
“Cuando Nos Encontramos en la Edad del Mundo”
Querido lector:
No sé tu nombre, ni tu edad, ni el momento exacto desde el cual has llegado a este umbral de palabras.
Y, sin embargo, siento que te he conocido desde siempre.
No como se conoce a un rostro, sino como se reconoce a un eco cuando uno mismo lo ha pronunciado antes de escuchar su retorno. Te has adentrado en este libro como quien atraviesa un calendario invisible, y cada acto que leíste fue también un acto tuyo.
Te fuiste volviendo testigo y partícipe de una Edad que no figura en los libros de historia, pero que habita en cada gesto que atesora sentido.
Esta novela no pretendió dar respuestas.
Su propósito ha sido otro: plantar semillas de preguntas en la tierra del tiempo.
Porque la Edad del Mundo no se mide en siglos ni en fechas, sino en la hondura con que comprendemos el tránsito de lo que somos.
Hay edades que caben en una lágrima, y otras que duran el instante de un abrazo.
Y hay, también, edades que duelen: las del exilio, la pérdida, la ceguera del progreso.
Pero tú has llegado hasta aquí.
Eso significa que el viaje no fue en vano.
Victor Hugo y Albert Einstein, en su peregrinar a través de estos actos, no han sido personajes, sino faros.
Uno desde la poesía de la humanidad, otro desde la matemática del cosmos.
Ambos saben, y quizá tú también ahora lo presientes, que no hay reloj más sabio que el corazón despierto.
Y que la edad más profunda del mundo es la que aún no ha sido vivida.
Gracias por detenerte entre estas páginas.
Gracias por ser el otro latido de este experimento narrativo.
Si has sentido, aunque sea por un instante que el tiempo no era enemigo, sino espejo, esta obra habrá cumplido su destino.
Con la certeza de que volveremos a encontrarnos,
Tu compañero en esta Edad compartida,
El narrador sin nombre
"Sinopsis" puede pertenecer a otra edición de este libro.
Librería: Grand Eagle Retail, Bensenville, IL, Estados Unidos de America
Paperback. Condición: new. Paperback. Habia una biblioteca enterrada bajo la corteza del universo.No estaba hecha de libros, sino de edades: pliegues de tiempo cristalizado, susurrando con voz de ruinas.Alli se acumulaban los calendarios de lo no dicho, de lo vivido sin ser anotado, de lo sentido sin ser comprendido.Aquel lugar, ajeno a las agujas del reloj, guardaba un secreto: el mundo no tiene una sola edad, sino infinitas superpuestas, como cortezas que alguna vez fueron nucleo.Y en ese abismo de edades simultaneas, la Historia no era una linea, sino un eco resonante, fragmentado, errante.Victor Hugo, desde su rincon eterno, miraba esa biblioteca sin puertas.Tenia la frente surcada por los siglos y los ojos iluminados por la memoria de los pueblos.-Las edades de los hombres -murmuraba- no coinciden nunca con la edad del mundo.Cada generacion cree haber nacido en la cima del progreso.cuando en realidad despierta en medio de un derrumbe silencioso.Einstein, a su lado, desplegaba formulas en el aire con dedos que parecian hechos de tiempo dilatado.-No hay reloj que mida la infancia de una piedra, ni teoria que encierre la nostalgia de una celula.La edad del mundo no se calcula.se contempla.Ambos callaron, como si una tercera presencia invisible los escuchara.Era la misma que habia estado en las cavernas pintadas, en los codices incendiados, en los papiros extraviados, en las redes neuronales del manana.El calendario del olvido no marcaba fechas.Su unica pagina era la piel de quienes aun preguntaban: -Que edad tiene este mundo.y cuantas de esas edades hemos olvidado?Y con esa pregunta, el lector abre no un relato, sino un ritual de recuperacion del tiempo perdido, del tiempo enterrado, del tiempo que aun no ha aprendido a nombrarse."Cuando Nos Encontramos en la Edad del Mundo"Querido lector: No se tu nombre, ni tu edad, ni el momento exacto desde el cual has llegado a este umbral de palabras.Y, sin embargo, siento que te he conocido desde siempre.No como se conoce a un rostro, sino como se reconoce a un eco cuando uno mismo lo ha pronunciado antes de escuchar su retorno. Te has adentrado en este libro como quien atraviesa un calendario invisible, y cada acto que leiste fue tambien un acto tuyo.Te fuiste volviendo testigo y participe de una Edad que no figura en los libros de historia, pero que habita en cada gesto que atesora sentido.Esta novela no pretendio dar respuestas.Su proposito ha sido otro: plantar semillas de preguntas en la tierra del tiempo.Porque la Edad del Mundo no se mide en siglos ni en fechas, sino en la hondura con que comprendemos el transito de lo que somos.Hay edades que caben en una lagrima, y otras que duran el instante de un abrazo.Y hay, tambien, edades que duelen: las del exilio, la perdida, la ceguera del progreso.Pero tu has llegado hasta aqui.Eso significa que el viaje no fue en vano.Victor Hugo y Albert Einstein, en su peregrinar a traves de estos actos, no han sido personajes, sino faros.Uno desde la poesia de la humanidad, otro desde la matematica del cosmos.Ambos saben, y quiza tu tambien ahora lo presientes, que no hay reloj mas sabio que el corazon despierto.Y que la edad mas profunda del mundo es la que aun no ha sido vivida.Gracias por detenerte entre estas paginas.Gracias por ser el otro latido de este experimento narrativo.Si has sentido, aunque sea por un instante que el tiempo no era enemigo, sino espejo, esta obra habra cumplido su destino.Con la certeza de que volveremos a encontrarnos, Tu companero en esta Edad compartida, El narrador sin nombre This item is Shipping may be from multiple locations in the US or from the UK, depending on stock availability. Nº de ref. del artículo: 9798294713799
Cantidad disponible: 1 disponibles
Librería: PBShop.store US, Wood Dale, IL, Estados Unidos de America
PAP. Condición: New. New Book. Shipped from UK. THIS BOOK IS PRINTED ON DEMAND. Established seller since 2000. Nº de ref. del artículo: L0-9798294713799
Cantidad disponible: Más de 20 disponibles
Librería: California Books, Miami, FL, Estados Unidos de America
Condición: New. Print on Demand. Nº de ref. del artículo: I-9798294713799
Cantidad disponible: Más de 20 disponibles
Librería: PBShop.store UK, Fairford, GLOS, Reino Unido
PAP. Condición: New. New Book. Delivered from our UK warehouse in 4 to 14 business days. THIS BOOK IS PRINTED ON DEMAND. Established seller since 2000. Nº de ref. del artículo: L0-9798294713799
Cantidad disponible: Más de 20 disponibles
Librería: CitiRetail, Stevenage, Reino Unido
Paperback. Condición: new. Paperback. Habia una biblioteca enterrada bajo la corteza del universo.No estaba hecha de libros, sino de edades: pliegues de tiempo cristalizado, susurrando con voz de ruinas.Alli se acumulaban los calendarios de lo no dicho, de lo vivido sin ser anotado, de lo sentido sin ser comprendido.Aquel lugar, ajeno a las agujas del reloj, guardaba un secreto: el mundo no tiene una sola edad, sino infinitas superpuestas, como cortezas que alguna vez fueron nucleo.Y en ese abismo de edades simultaneas, la Historia no era una linea, sino un eco resonante, fragmentado, errante.Victor Hugo, desde su rincon eterno, miraba esa biblioteca sin puertas.Tenia la frente surcada por los siglos y los ojos iluminados por la memoria de los pueblos.-Las edades de los hombres -murmuraba- no coinciden nunca con la edad del mundo.Cada generacion cree haber nacido en la cima del progreso.cuando en realidad despierta en medio de un derrumbe silencioso.Einstein, a su lado, desplegaba formulas en el aire con dedos que parecian hechos de tiempo dilatado.-No hay reloj que mida la infancia de una piedra, ni teoria que encierre la nostalgia de una celula.La edad del mundo no se calcula.se contempla.Ambos callaron, como si una tercera presencia invisible los escuchara.Era la misma que habia estado en las cavernas pintadas, en los codices incendiados, en los papiros extraviados, en las redes neuronales del manana.El calendario del olvido no marcaba fechas.Su unica pagina era la piel de quienes aun preguntaban: -Que edad tiene este mundo.y cuantas de esas edades hemos olvidado?Y con esa pregunta, el lector abre no un relato, sino un ritual de recuperacion del tiempo perdido, del tiempo enterrado, del tiempo que aun no ha aprendido a nombrarse."Cuando Nos Encontramos en la Edad del Mundo"Querido lector: No se tu nombre, ni tu edad, ni el momento exacto desde el cual has llegado a este umbral de palabras.Y, sin embargo, siento que te he conocido desde siempre.No como se conoce a un rostro, sino como se reconoce a un eco cuando uno mismo lo ha pronunciado antes de escuchar su retorno. Te has adentrado en este libro como quien atraviesa un calendario invisible, y cada acto que leiste fue tambien un acto tuyo.Te fuiste volviendo testigo y participe de una Edad que no figura en los libros de historia, pero que habita en cada gesto que atesora sentido.Esta novela no pretendio dar respuestas.Su proposito ha sido otro: plantar semillas de preguntas en la tierra del tiempo.Porque la Edad del Mundo no se mide en siglos ni en fechas, sino en la hondura con que comprendemos el transito de lo que somos.Hay edades que caben en una lagrima, y otras que duran el instante de un abrazo.Y hay, tambien, edades que duelen: las del exilio, la perdida, la ceguera del progreso.Pero tu has llegado hasta aqui.Eso significa que el viaje no fue en vano.Victor Hugo y Albert Einstein, en su peregrinar a traves de estos actos, no han sido personajes, sino faros.Uno desde la poesia de la humanidad, otro desde la matematica del cosmos.Ambos saben, y quiza tu tambien ahora lo presientes, que no hay reloj mas sabio que el corazon despierto.Y que la edad mas profunda del mundo es la que aun no ha sido vivida.Gracias por detenerte entre estas paginas.Gracias por ser el otro latido de este experimento narrativo.Si has sentido, aunque sea por un instante que el tiempo no era enemigo, sino espejo, esta obra habra cumplido su destino.Con la certeza de que volveremos a encontrarnos, Tu companero en esta Edad compartida, El narrador sin nombre Shipping may be from our UK warehouse or from our Australian or US warehouses, depending on stock availability. Nº de ref. del artículo: 9798294713799
Cantidad disponible: 1 disponibles
Librería: AHA-BUCH GmbH, Einbeck, Alemania
Taschenbuch. Condición: Neu. Neuware. Nº de ref. del artículo: 9798294713799
Cantidad disponible: 2 disponibles