El viento, un espectro invisible cargado de polvo y ecos metálicos, aullaba a través de las ruinas de lo que una vez fue una metrópolis vibrante. Los rascacielos, esqueletos de acero retorcido apuntando a un cielo plomizo y eternamente nublado, eran monumentos a una era olvidada, un tiempo antes del Silencio Hueco.
No había pájaros que cantaran en las vigas rotas, ni niños que jugaran en las calles agrietadas. Solo el susurro constante de la radiación, una melodía invisible y letal que se había incrustado en el propio suelo, en el aire que se respiraba, en los huesos de los que no sobrevivieron.
Eric conocía ese silencio íntimamente. Lo llevaba consigo como una segunda piel, una constante напоминание de lo que se había perdido. Había nacido después, en los márgenes de la civilización desmoronada, en uno de los últimos bastiones amurallados donde la humanidad intentaba aferrarse a un fragmento de su pasado. Pero incluso allí, las sombras del mundo exterior se alargaban, la amenaza invisible filtrándose a través de las grietas en la armadura de su seguridad.
Recordaba las historias de los ancianos, susurros sombríos sobre el Gran Incendio, el día en que el cielo se había desgarrado y la tierra había vomitado fuego. Hablaban de ciudades convertidas en ceniza en un instante, de una furia tan vasta que había cambiado el propio clima, dejando tras de sí este páramo eterno.
Ahora, con veintitantos años y la marca indeleble de la supervivencia grabada en su rostro, Eric se preparaba para abandonar la relativa seguridad de los muros. Algo se agitaba en el Silencio Hueco, un rumor persistente que llegaba en ráfagas débiles a través de las precarias radios de la comunidad. Hablaban de movimientos inusuales, de figuras sombrías que se desplazaban entre las ruinas, de una búsqueda frenética en los lugares olvidados.
La Guardia de la Coalición, la mano férrea que mantenía el orden dentro de los muros y controlaba los escasos recursos, parecía más tensa de lo habitual. Sus patrullas eran más frecuentes, sus interrogatorios más insistentes. Eric sentía la opresión crecer, la sensación claustrofóbica de estar atrapado en una jaula dorada mientras el mundo exterior hervía con secretos.
Una inquietud profunda lo carcomía. Sentía que la verdad del Silencio Hueco era mucho más compleja que las simplificaciones que les ofrecía la Coalición. Había visto cosas en las afueras, en las incursiones controladas en busca de provisiones: extrañas formaciones metálicas incrustadas en la tierra, ecos de tecnología desconocida, la sensación persistente de que alguien o algo más observaba desde las sombras.
Una chispa de rebeldía, alimentada por la curiosidad y una creciente desconfianza, comenzaba a encenderse en su interior. Sabía que para comprender verdaderamente su mundo, para desentrañar los misterios del pasado y vislumbrar el futuro, debía adentrarse en el Silencio Hueco, escuchar su hueca melodía y enfrentarse a lo que acechaba entre sus ruinas. El muro era una prisión, y la verdad, por peligrosa que fuera, lo esperaba más allá. El viaje estaba a punto de comenzar.
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Paperback. Condición: new. Paperback. El viento, un espectro invisible cargado de polvo y ecos metalicos, aullaba a traves de las ruinas de lo que una vez fue una metropolis vibrante. Los rascacielos, esqueletos de acero retorcido apuntando a un cielo plomizo y eternamente nublado, eran monumentos a una era olvidada, un tiempo antes del Silencio Hueco.No habia pajaros que cantaran en las vigas rotas, ni ninos que jugaran en las calles agrietadas. Solo el susurro constante de la radiacion, una melodia invisible y letal que se habia incrustado en el propio suelo, en el aire que se respiraba, en los huesos de los que no sobrevivieron.Eric conocia ese silencio intimamente. Lo llevaba consigo como una segunda piel, una constante napominanie de lo que se habia perdido. Habia nacido despues, en los margenes de la civilizacion desmoronada, en uno de los ultimos bastiones amurallados donde la humanidad intentaba aferrarse a un fragmento de su pasado. Pero incluso alli, las sombras del mundo exterior se alargaban, la amenaza invisible filtrandose a traves de las grietas en la armadura de su seguridad.Recordaba las historias de los ancianos, susurros sombrios sobre el Gran Incendio, el dia en que el cielo se habia desgarrado y la tierra habia vomitado fuego. Hablaban de ciudades convertidas en ceniza en un instante, de una furia tan vasta que habia cambiado el propio clima, dejando tras de si este paramo eterno.Ahora, con veintitantos anos y la marca indeleble de la supervivencia grabada en su rostro, Eric se preparaba para abandonar la relativa seguridad de los muros. Algo se agitaba en el Silencio Hueco, un rumor persistente que llegaba en rafagas debiles a traves de las precarias radios de la comunidad. Hablaban de movimientos inusuales, de figuras sombrias que se desplazaban entre las ruinas, de una busqueda frenetica en los lugares olvidados.La Guardia de la Coalicion, la mano ferrea que mantenia el orden dentro de los muros y controlaba los escasos recursos, parecia mas tensa de lo habitual. Sus patrullas eran mas frecuentes, sus interrogatorios mas insistentes. Eric sentia la opresion crecer, la sensacion claustrofobica de estar atrapado en una jaula dorada mientras el mundo exterior hervia con secretos.Una inquietud profunda lo carcomia. Sentia que la verdad del Silencio Hueco era mucho mas compleja que las simplificaciones que les ofrecia la Coalicion. Habia visto cosas en las afueras, en las incursiones controladas en busca de provisiones: extranas formaciones metalicas incrustadas en la tierra, ecos de tecnologia desconocida, la sensacion persistente de que alguien o algo mas observaba desde las sombras.Una chispa de rebeldia, alimentada por la curiosidad y una creciente desconfianza, comenzaba a encenderse en su interior. Sabia que para comprender verdaderamente su mundo, para desentranar los misterios del pasado y vislumbrar el futuro, debia adentrarse en el Silencio Hueco, escuchar su hueca melodia y enfrentarse a lo que acechaba entre sus ruinas. El muro era una prision, y la verdad, por peligrosa que fuera, lo esperaba mas alla. El viaje estaba a punto de comenzar. This item is printed on demand. Shipping may be from multiple locations in the US or from the UK, depending on stock availability. Nº de ref. del artículo: 9798283812281
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