En 1947, en el Museo de L’Orangerie, se exhiben los cuadros de Van Gogh. Antonin Artaud asiste a la exposición, en cuyo Catálogo se incluyen fragmentos de El Demonio de Van Gogh, donde el psiquíatra Francois-Joachim Beer etiqueta como «pintor loco» al genio pelirrojo.
F. J. Beer no hace sino seguir la tradición del Siglo XIX que intenta explicar la obra artística a partir de la vida del autor y reduce su singular genio a perturbaciones psíquicas. Así, ya tuvimos un Gérard de Nerval «alucinado» (A. Houssaye), un Baudelaire «bipolar», un Rimbaud «desequilibrado» (J. L. Delattre), un Lautréamont «locamente enfurecido» (León Bloy). En su lectura, los alienistas persisten en su confusión de la biografía con la obra y condenan la estética rupturista como propia de espíritus enajenados.
Lo dicho por F. J. Beer indigna a Artaud, quien había pasado 9 años de su vida internado en manicomios, de donde lo rescatan sus amigos poco tiempo antes de su muerte. F. J. Beer habla de la «extraña psicosis» y «la mano esquizofrénica de sus pinceladas». Recuerda que, en 1886, Van Gogh tomó lecciones de música, donde «comparó todo el tiempo los tonos del piano con el azul cadmio». Este interés por la cinestesia (que lo hermana con el Rimbaud de las Vocales en la búsqueda de un lenguaje poético absoluto) a Beer le parece «otra señal de esquizofrenia». Sus colores violáceos o su pasión por el amarillo, los toma como «manías» o «signos psicóticos». Sus pinceladas, gruesas y pastosas, le parecen un rotundo «garabateo de alienado». Se horroriza que los girasoles se transmuten en «soles de catástrofe».
Artaud se rebela contra esa manera de explicar la obra del artista, no desde su propio universo sígnico, sino desde el manual del médico alienista. Para él, Van Gogh «no estaba loco», era sí un pintor pleno de pasión, en constante aprendizaje por el color. Su ruptura es esencialmente estética. En ese sentido, sus telas son singulares y se oponen al status quo artístico. Van Gogh «perturba el conformismo larvario de la burguesía del II Imperio… de los esbirros de Napoleón III». El tinglado médico opera una reactiva empresa de castigo, en su afán de retornar al orden al enfermo mental: «la sociedad se apresta a castigarlo por habérsele separado, le suicida». El papel del doctor Gachet, «psiquíatra improvisado», refuerza el prejuicio de la locura de Vang Gogh, acelerando su caos. «Quiere», dice, Artaud, «enderezar» su pintura y proyecta todo su odio sobre el pintor, al que «detestaba como pintor, pero sobre todo como genio». El rechazo de Artaud a la psiquiatría tradicional anticipa la crítica que hará, entrado el siglo XX, Foucault, quien historia la locura con algunas de sus páginas más absurdas: la nave de los locos o la extracción de la piedra de la locura renacentistas (pintadas respectivamente por El Bosco y Bruegel, el Viejo), hasta la lobotomía moderna. La puesta en crisis de la noción Occidental de locura, que está en la base del alegato del poeta surrealista, sin duda influye en la Antipsiquiatría, de R. D. Laing y David Cooper, que abiertamente llama a liberar a los locos y clausurar los manicomios.
La «pintura lineal» es hecha añicos por Van Gogh quien, en cada pincelada de amarillo, de negro, de azul ocre, de verde tiza explora, casi como un vidente, la alquimia del color, una magia que le revela la propia naturaleza. Cuando Van Gogh sale a pintar de noche, con un sombrero lleno de velas, no es que sea un loco (aunque así lo parezca a ojos de los aldeanos), es un pintor explorando la luz, la explosiva noche nuclear, el brillo de los astros que estallan en fuegos circulares.
De la estirpe de Edgar Poe, «Van Gogh era una de esas naturalezas de lucidez superior que les permite, en cualquier circunstancia, ver más allá, infinita y peligrosamente más allá de la realidad».
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Paperback. Condición: new. Paperback. En 1947, en el Museo de L'Orangerie, se exhiben los cuadros de Van Gogh. Antonin Artaud asiste a la exposicion, en cuyo Catalogo se incluyen fragmentos de El Demonio de Van Gogh, donde el psiquiatra Francois-Joachim Beer etiqueta como pintor loco al genio pelirrojo.F. J. Beer no hace sino seguir la tradicion del Siglo XIX que intenta explicar la obra artistica a partir de la vida del autor y reduce su singular genio a perturbaciones psiquicas. Asi, ya tuvimos un Gerard de Nerval alucinado (A. Houssaye), un Baudelaire bipolar, un Rimbaud desequilibrado (J. L. Delattre), un Lautreamont locamente enfurecido (Leon Bloy). En su lectura, los alienistas persisten en su confusion de la biografia con la obra y condenan la estetica rupturista como propia de espiritus enajenados. Lo dicho por F. J. Beer indigna a Artaud, quien habia pasado 9 anos de su vida internado en manicomios, de donde lo rescatan sus amigos poco tiempo antes de su muerte. F. J. Beer habla de la extrana psicosis y la mano esquizofrenica de sus pinceladas. Recuerda que, en 1886, Van Gogh tomo lecciones de musica, donde comparo todo el tiempo los tonos del piano con el azul cadmio. Este interes por la cinestesia (que lo hermana con el Rimbaud de las Vocales en la busqueda de un lenguaje poetico absoluto) a Beer le parece otra senal de esquizofrenia. Sus colores violaceos o su pasion por el amarillo, los toma como manias o signos psicoticos. Sus pinceladas, gruesas y pastosas, le parecen un rotundo garabateo de alienado. Se horroriza que los girasoles se transmuten en soles de catastrofe.Artaud se rebela contra esa manera de explicar la obra del artista, no desde su propio universo signico, sino desde el manual del medico alienista. Para el, Van Gogh no estaba loco, era si un pintor pleno de pasion, en constante aprendizaje por el color. Su ruptura es esencialmente estetica. En ese sentido, sus telas son singulares y se oponen al status quo artistico. Van Gogh perturba el conformismo larvario de la burguesia del II Imperio. de los esbirros de Napoleon III. El tinglado medico opera una reactiva empresa de castigo, en su afan de retornar al orden al enfermo mental: la sociedad se apresta a castigarlo por habersele separado, le suicida. El papel del doctor Gachet, psiquiatra improvisado, refuerza el prejuicio de la locura de Vang Gogh, acelerando su caos. Quiere, dice, Artaud, enderezar su pintura y proyecta todo su odio sobre el pintor, al que detestaba como pintor, pero sobre todo como genio. El rechazo de Artaud a la psiquiatria tradicional anticipa la critica que hara, entrado el siglo XX, Foucault, quien historia la locura con algunas de sus paginas mas absurdas: la nave de los locos o la extraccion de la piedra de la locura renacentistas (pintadas respectivamente por El Bosco y Bruegel, el Viejo), hasta la lobotomia moderna. La puesta en crisis de la nocion Occidental de locura, que esta en la base del alegato del poeta surrealista, sin duda influye en la Antipsiquiatria, de R. D. Laing y David Cooper, que abiertamente llama a liberar a los locos y clausurar los manicomios.La pintura lineal es hecha anicos por Van Gogh quien, en cada pincelada de amarillo, de negro, de azul ocre, de verde tiza explora, casi como un vidente, la alquimia del color, una magia que le revela la propia naturaleza. Cuando Van Gogh sale a pintar de noche, con un sombrero lleno de velas, no es que sea un loco (aunque asi lo parezca a ojos de los aldeanos), es un pintor explorando la luz, la explosiva noche nuclear, el brillo de los astros que estallan en fuegos circulares.De la estirpe de Edgar Poe, Van Gogh era una de esas naturalezas de lucidez superior que les permite, en cualquier circunstancia, ver mas alla, infinita Shipping may be from multiple locations in the US or from the UK, depending on stock availability. Nº de ref. del artículo: 9798274891943
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