Como Aristóteles decía del ser, también el amor se nombra de muchas maneras, se da a conocer con muchos rostros que lo hacen visible, tangible, evidente. El amor se declina como respeto o como responsabilidad, por ejemplo. Amor que tiene su raíz en el Dios de Jesucristo, el Hijo del Hombre, por quien el amor se nos ha hecho próximo para ser vivido y para ser compartido. Lejos de un supuesto amor metafísico, tan elevado que resulta inalcanzable, e igualmente distante de un amor de celuloide, genital pero no entrañable, el universo del amor iluminado por Dios abre a hombres y mujeres un amplio abanico de posibilidades reales, cotidianas, no por ello menos sublimes. De ese amor y de algunos de sus rostros escribimos. Más por anhelo que por experiencia, más como esperanza futura que como realidad cumplida; siempre en deuda de afecto con las personas, no pocas, que nos han mostrado la fecundidad del amor que les habita, que lo han derramado generosa y gratuitamente sobre nuestra alma para hacerla menos árida.
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omo Aristóteles decía del ser, también el amor se nombra de muchas maneras, se da a conocer con muchos rostros que lo hacen visible, tangible, evidente. El amor se declina como respeto o como responsabilidad, por ejemplo. Amor que tiene su raíz en el Dios de Jesucristo, el Hijo del Hombre, por quien el amor se nos ha hecho próximo para ser vivido y para ser compartido. Lejos de un supuesto amor metafísico, tan elevado que resulta inalcanzable, e igualmente distante de un amor de celuloide, genital pero no entrañable, el universo del amor iluminado por Dios abre a hombres y mujeres un amplio abanico de posibilidades reales, cotidianas, no por ello menos sublimes. De ese amor y de algunos de sus rostros escribimos. Más por anhelo que por experiencia, más como esperanza futura que como realidad cumplida; siempre en deuda de afecto con las personas, no pocas, que nos han mostrado la fecundidad del amor que les habita, que lo han derramado generosa y gratuitamente sobre nuestra alma para hacerla menos árida.
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Librería: Antártica, Madrid, M, España
Rústica. Condición: New. Estado de la sobrecubierta: Nuevo. 01. Como Aristóteles decía del ser, también el amor se nombra de muchasmaneras, se da a conocer con muchos rostros que lo hacen visible,tangible, evidente. El amor se declina como respeto o comoresponsabilidad, por ejemplo. Amor que tiene su raíz en el Dios deJesucristo, el Hijo del Hombre, por quien el amor se nos ha hechopróximo para ser vivido y para ser compartido. Lejos de un supuestoamor metafísico, tan elevado que resulta inalcanzable, e igualmentedistante de un amor de celuloide, genital pero no entrañable, eluniverso del amor iluminado por Dios abre a hombres y mujeres unamplio abanico de posibilidades reales, cotidianas, no por ello menossublimes. De ese amor y de algunos de sus rostros escribimos. Más poranhelo que por experiencia, más como esperanza futura que comorealidad cumplida; siempre en deuda de afecto con las personas, nopocas, que nos han mostrado la fecundidad del amor que les habita, que lo han derramado generosa y gratuitamente sobre nuestra alma parahacerla menos árida. LIBRO. Nº de ref. del artículo: 1298495
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Librería: KALAMO BOOKS, Burriana, CS, España
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