A la caza del Bounty

Coleccionando el motín más famoso del mundo

Pedro Carrera Hortas

Imagine vivir en una isla de 5 km² en pleno Océano Pacífico, con una población de apenas 50 habitantes y sabiendo que los lugares habitados más cercanos están a 2.000 km hacia el este y 500 km hacia el oeste. Ese lugar existe y se llama Pitcairn.

¿Cómo y por qué llegaron esas personas a habitar un lugar tan remoto? La respuesta es una trepidante narración en la que debemos rebobinar hasta finales del siglo XVIII, cuando en mitad de una expedición británica a la isla de Tahití tuvieron lugar los famosos acontecimientos del motín del navío Bounty.

A lo largo del siglo pasado, la historia de este motín fue llevada al cine repetidamente y ha pasado al conocimiento popular. Quizá le suene la película protagonizada por Marlon Brando o la de Mel Gibson. Los hechos en la pantalla, sin embargo, no cuentan todo lo sucedido. Acompáñenos a desentrañar los misterios del motín.

Ficha técnica en francés de 1980

Cartel español de la película de 1935

Cartel promocional con Marlon Brando de 1962

Los antecedentes

Mapa de las islas del Pacífico elaborado en 1780

Corría el año 1787 y el Imperio Británico buscaba soluciones para las hambrunas de esclavos en el Caribe. En sus viajes, el Capitán Cook había encontrado la fruta del pan, un fruto propio del Pacífico que se revelaba ideal para alimentar de forma barata a los esclavos de las islas caribeñas. Así, el Bounty partió de Inglaterra con el objetivo de recoger un cargamento de plantas del pan y transportarlas al Caribe. El mando del navío le fue dado a William Bligh, quien había demostrado su valía viajando con el propio Capitán Cook en previas exploraciones.

Grabado original de 1800 de la fruta del pan

Los acontecimientos narrados a continuación han sido ampliamente documentados y fruto de diversas investigaciones desde el año mismo de los hechos hasta hoy. Debido a la naturaleza la historia, los detalles varían dependiendo de los testimonios. Gracias al trabajo de la periodista Caroline Alexander disponemos de un libro que recoge todos los puntos de vista sobre este famoso motín.

La verdadera historia del motín de la Bounty

 

5 meses en Tahití

La Bounty llegó a las costas de Tahití en octubre de 1788, casi exactamente un año después de dejar Inglaterra, con un viaje de 50.000 km en sus velas. Permanecieron 5 meses en la isla, esperando a la estación propicia para el transplante de las plantas del pan. Durante esos meses, los marineros establecieron relaciones con los nativos, algunos de ellos incluso formaron relaciones formales de pareja. Otros llevaron una vida moralmente relajada que jamás se habrían atrevido a experimentar en las islas británicas. Los diarios de a bordo cuentan que hasta 18 hombres recibieron tratamiento por infecciones venéreas.

En abril de 1789 el Bounty abandonó la isla de Tahití, siendo Bligh el único que no había creado vínculos con los nativos y no se sentía aflijido por dejar lo que para la mayoría de la tripulación había sido una estancia en el paraíso de 5 meses. A partir de ese momento, la pena de la tripulación se sumó a la rabia contenida que Bligh descargaba sobre ellos, especialmente hacia su segundo, Fletcher Christian, quien acabaría por estallar cuando el navío pasaba a 56 km de la isla de Tofua.

Grabados auténticos de la época de mujeres tahitianas

El motín

Fletcher Christian no podía soportar más las constantes humillaciones por parte de Bligh, y en la noche del 28 de abril de 1789 tomó la resolución de desertar y probar su suerte en las islas próximas con los nativos. Sin embargo, sabía del descontento de otros oficiales, y tras conversar con algunos de ellos decidieron tomar el control del navío.

La idea era dejar a Bligh en un bote, con un barril de agua y algunas raciones de comida. Lo que no supieron preveer los amotinados fue la cantidad de marineros y oficiales que decidieron permanecer leales a su capitán. En el bote pronto se juntaron más de 20 personas. Estaba claramente sobrecargado. Todavía más gente manifestaba su deseo de abandonar el Bounty con su capitán, pero era físicamente imposible. Bligh prometió a aquellos que permanecieron en el navío que no olvidaría su lealtad, y que si algún día conseguía volver a Inglaterra recordaría que su voluntad había sido la de acompañarle.

Así pues, el experimentado capitán fue abandonado en mitad del Pacífico, en un bote claramente sobrecargado y con raciones de comida y agua para no más de 5 días. Con nada más que un sextante y una brújula, Bligh debería conducir un bote que apenas se alzaba sobre la superficie del agua de vuelta hacia la civilización. Sus diarios de a bordo y cartas de navegación, el trabajo de 15 años de surcar los océanos, le habían sido arrebatados.

Mapa elaborado por Bligh en 1784

La hazaña de William Bligh

Lo que Bligh consiguió en tan terribles circunstancias pasaría a la historia y le daría reputación de por vida como uno de los mejores navegantes. Después de intentar detenerse en algunas de las islas y verse obligada a huir por la hostilidad de los nativos, la tripulación decidió emprender la difícil tarea de llegar a la isla de Timor, bajo control holandés. Era una distancia de 6.500 km en un bote semihundido y sin mapas. No era un plan ideal.

En la travesía hubo que soportar tormentas y frío sin tener ningún refugio, así como racionar la comida al límite. El bote de Bligh fue la primera embarcación europea en pasar a través de las islas Fiji, aunque no se atrevieron a detenerse por miedo al canibalismo de los nativos. Alcanzaron las costas de Timor en un estado miserable tras 6 meses de travesía, pero consiguieron llegar. Cuando finalmente Bligh obtuvo un pasaje para volver a Inglaterra desde Jakarta habían pasado dos años desde su partida de Europa.

De vuelta en casa Bligh dio cuenta de lo sucedido y presentó cargos judiciales contra los amotinados. Su relato de los hechos, como era de esperar, no fue nada benevolente con su tripulación ni autocrítico con su modo de mando. En noviembre de 1790 el navío Pandora emprende el camino hacia Tahití para encontrar a los amotinados y llevarlos ante el juez.

El relato de William Bligh

Documentos que pertenecieron a William Bligh

Primera edición del relato de Bligh en 1790

Pitcairn: El escondite perfecto

Tras el motín el Bounty volvió a Tahití. Fletcher Christian, sin embargo, sabía que no debía permanecer allí, pues era posible que Bligh consiguiera llegar a Inglaterra y enviar a las autoridades tras ellos. La mayoría de la tripulación, no obstante, deseaba quedarse. Christian autorizó a 15 de ellos a que se establecieran en la isla, pero a otros 8 los obligó a permanecer en el navío. Un día organizó una fiesta a bordo, y cortó amarras para zarpar llevándose cautivos a todos cuantos estaban sobre el barco. Abandonaron Tahití 9 de los amotinados y 20 nativos, de los cuales 14 eran mujeres.

El 15 de enero de 1790 Christian encontró la isla de Pitcairn. Deshabitada, ofrecía un excelente refugio. Sobre todo, porque aunque había sido cartografiada por el Capitán Cook, aparecía en todos los mapas con un error de posición de 348 km. El escondite le era servido en bandeja de plata.

Grabados de la isla de Pitcairn alrededor de 1835

Nadie pasó por allí hasta 1808, cuando apareció un buque americano llamado Topaz. Las autoridades británicas no supieron de las noticias del Topaz hasta 1814, y la expedición que enviaron no llegó a Pitcarn hasta 1811. En ese momento, los amotinados junto con los nativos habían ya formado una comunidad estable, y los que salieron a recibir el barco eran ya nacidos en Pitcairn. Las autoridades decidieron no tomar acciones y la comunidad de Pitcairn siguió su curso. En la isla, la figura de Christian es admirada como alguien que puso fin a los abusos e injusticias de Bligh. El relato de los hechos, por lo tanto, difiere de la versión que el capitán popularizó en Inglaterra. Hay que señalar que el propio relato de Bligh perdió peso con los testimonios de los amotinados que volvieron para ser juzgados, pues fueron apresados por el Pandora en Tahití.

Segunda edición del relato de Fletcher Christian

Grabado de una mujer de Pitcarn de 1843

Las cartas de Fetcher Christian, edición limitada

Impacto cultural del motín de Bounty

Como toda buena historia, la del Bounty puede ser vista desde diferentes perspectivas, y aunque al principio imperó la visión de Bligh, que luego fue suavizada por los testimonios de los implicados; finalmente el cine del siglo XX encontró mucho más útil la perspectiva de los marineros que se amotinaron por amor, y convirtieron a Bligh en un tirano insoportable y a Christian en un héroe. El motín del Bounty era ya una de las historias de mar más famosas del mundo, y diferentes películas se rodaron sobre ella.

En IberLibro podemos encontrar gran cantidad de carteles y artículos de colección de estas películas, que tuvieron repercusión internacional. Las más famosas son las de 1935, la que protagonizó Marlon Brando en 1962 y la de Anthony Hopkins y Mel Gibson en 1984. Eche un vistazo a las imágenes...

Cartel de la película de 1937

Fotogramas de la película de 1937

Cartel de la película de 1937

Motín a bordo, con Marlon Brando, en 1962

Motín a bordo, con Marlon Brando, en 1962

Motín a bordo, 1937

La isla en la actualidad

Volviendo al inicio de nuestra historia, la isla de Pitcairn permanece habitada hoy en día por los descendientes de los amotinados y sus acompañantes tahitianos, es una colonia británica y utiliza el dólar neozelandés. Posee una escuela, un bar, una iglesia, un museo y los restos del navío Bounty. Existe una página web en la que cualquier persona se puede informar para visitar la isla o incluso transladarse a vivir allí. La comunidad de Pitcairn está decidida a aumentar el número de habitantes de la isla.

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Si alguien desea esconderse del mundo la Isla de Pitcarn es todavía un lugar irrepetible y casi inalcanzable. Un punto minúsculo en la vastedad del Pacífico. Un pedazo de piedra que mantiene viva la historia de aquellos hechos de 1789. El lugar donde el motín del Bounty nunca acabó.

Postal usada de Pitcairn


¿Le apetece visitar la Isla de Pitcairn?