Pío Baroja

Pío Baroja nació en San Sebastián en 1872 y pasó buena parte de su vida en Madrid, donde murió a los 83 años. Perteneció a la Generación del 98 y cultivó sobre todo el género narrativo, con más de 60 novelas publicadas. Además, su pasión por la escritura lo llevó a producir cuentos, teatro, libros de viajes, biografías y ensayos. Su tono agrio y su economía expresiva, siempre contraria al Realismo, dejaron un legado admirado incluso fuera de España, tal y como llegaron a expresar Ernest Hemingway y John Dos Pasos.

Sin embargo, Baroja no siempre tuvo clara su vocación por la escritura. Tanto es así que en un principio estudió Medicina, se doctoró y ejerció durante un breve periodo de tiempo. Su coqueteo con la ciencia concluyó en 1900, cuando publicó sus primeros libros y comenzó sus viajes por Europa en su etapa más notable como escritor. Su fama se consolidó tras la publicación de El árbol de la ciencia en 1911, a lo que siguió un estilo de vida más solitario e introspectivo. Fue admitido en la Real Academia Española en 1935, pasó la Guerra Civil en Francia y volvió a Madrid en 1940, donde fallecería 15 años después.

Resulta imposible entender su obra sin comprender primero su visión del mundo. Admirador confeso de Schopenhauer, Baroja mantenía un escepticismo radical ante lo religioso, social y político, por lo que siempre se mostró pesimista y atraído por la rebeldía. Esto, unido a su sinceridad y naturalidad, le valió una fama de hosco e individualista que, no obstante, oculta un lado compasivo y sentimental que se refleja de forma continua en sus personajes.

Una de sus novelas más destacadas es La busca (1904), que narra la historia de Manuel, un muchacho que se va degradando cada vez más entre las clases más miserables del Madrid de la época. Por otro lado, Zalacaín el aventurero (1909) es un excelente ejemplo de novela de acción ágil y animada, en la que el protagonista se ve envuelto en trepidantes aventuras de contrabando y amor en la frontera vasco-francesa.

En cualquier caso, su novela más típicamente noventayochista, y la que el propio Baroja más estimaba, es El árbol de la ciencia (1911). Refleja el existencialismo vital del propio autor a través del protagonista, Andrés Hurtado, cuyas dolorosas experiencias y amarga visión del mundo le dieron pie a Baroja para realizar una crítica feroz de la sociedad española de su tiempo. La abundancia de personajes secundarios y de situaciones críticas se articula con gran habilidad en esta obra en la que, en palabras de Azorín, se halla "mejor que en ningún otro libro el espíritu de Baroja".

La prolífica obra de Pío Baroja quedaría culminada con su serie de memorias Desde la última vuelta del camino, compuesta por siete volúmenes que constituyen un excepcional testimonio de la difícil personalidad del autor y del panorama de toda una época.


Libros destacados de Pío Baroja