Alguien dijo una vez, que un autor se convierte en clásico cuando las páginas escritas por la crítica acerca de él superan en volumen a las páginas que él mismo ha escrito. Si usamos esta vara de medir, Juan Rulfo sería sin duda uno de los mayores escritores de todos los tiempos. Puede decirse que Rulfo ha revolucionado la literatura en español con tan solo dos libros: la colección de cuentos titulada El Llano en Llamas y la novela Pedro Páramo. En pocos años la tinta ha corrido a caudales, y tanto reconocidos escritores como intelectuales han juzgado la obra de Rulfo como uno de los grandes hitos literarios en nuestro idioma.

La parca producción literaria en cuanto a cantidad no ha dejado nunca de extrañar a curiosos, fans y periodistas. El propio Rulfo ha tenido que defenderse de las demandas de la sociedad, recordando que la escritura de novelas se trata de un proyecto personal que uno afronta cuando quiere y puede, y en absoluto se debe considerar un deber que pueda ser exigido. Callado, tímido, poco amigo de los focos, introvertido... Rulfo prefería observar, y plasmar su meticulosa visión del mundo en pocas palabras, pero potentes; en pocas obras, pero formidables.

Uno no tiene más que recurrir a la entrevista que Joaquín Soler le realizó en el ya mítico programa A fondo. En ella el periodista se esmera por extraer las palabras de su callado interlocutor, quien repasa la historia de su vida con visible incomodidad por la exposición pública. En su niñez, Rulfo vivió una época marcada por la violencia, la Revolución mexicana había traumatizado a todo un país, y la ira y el sufrimiento latentes formaban la atmósfera enrarecida en la que creció. A edad temprana falleció su padre, primero, y su madre después, y él se vio obligado a permanecer en un internado en Guadalajara.

El propio escritor reconoció el peso de las cicatrices que su infancia le dejó, y la parte de culpa que ellas tienen de su carácter introvertido y la insistencia en temas y personajes violentos, confusos y vulnerables. Sin ellas, sin embargo, quizá nunca hubiera sido capaz de plasmar una realidad mexicana que va mucho más allá de lo realista; y que incluye en su sensibilidad la realidad intocable de la muerte, la memoria, el amor y el miedo.

La huella de Rulfo en la cultura mexicana:

La capacidad de observar es sin duda un requisito necesario para aquel que aspire a comunicar algo valioso. Rulfo se empapó de la atmósfera del México posrevolucionario, y supo percibir y entender los fondos humanos que dirigían las vidas de sus coetáneos. Solo así, observando durante tantos años, pudo al fin plasmar una visión de su país que con el paso del tiempo se ha asentado en la memoria colectiva.

Buen testigo de ello son las numersosas adaptaciones cinematográficas que se han producido, tanto en el propio México como en España o Estados Unidos. Los personajes de El Llano en Llamas y sobre todo, el propio Pedro Páramo, se han convertido en figuras claves para entender la cultura mexicana. En IberLibro se pueden encontrar diferentes artículos que son oro para los coleccionistas.

Rulfo fotógrafo:

Quizá le sorprenda descubrir a Juan Rulfo como fotógrafo, pero su obra no es corta en este sentido, constando de un archivo de más de seis mil negativos. Como buen observador, nuestro hombre se dedicó a fotografiar la arquitectura y los paisajes de su cultura; en concreto, poniendo mucha atención sobre el estado de Jalisco, antigua Nueva Galicia.

Su trabajo fotográfico ha sido ampliamente editado, reconocido y reseñado por numersosos especialistas. La fotografía nunca es una rareza en la vida de un observador perspicaz, y un amante de la antropología y la cultura siempre desea coleccionar las curiosidades que encuentra en el flujo de su curiosidad. En sus enfoques, en sus capturas, accedemos a la visión particular de un hombre que retrató a la sociedad mexicana como nadie más pudo. A través de su trabajo fotográfico nos colocamos en la perspectiva de los ojos que vieron a nacer al incomparable Pedro Páramo.