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El poema que Fernando Pessoa escribió sobre el Facebook


¡Estoy harto de semidioses!

¿Dónde hay gente en este mundo?

Un día te encuentras a ti mismo un domingo por la tarde en el sofá de casa, en pijama, aburrido y sin afeitar: tu glamour está por los suelos. Y observas sin parar la fascinante y maravillosa vida de tus amigos de Facebook. Los ves en fotos tan sonrientes, rodeados de muchos amigos, participando en increíbles actividades, disfrutando de los mejores viajes, etc etc… Y entonces es cuando tienes la sensación de que tu vida es extremadamente aburrida y monótona…

Fernando Pessoa

Fernando Pessoa

Fernando Pessoa ya escribió un poema sobre esto hace años. Bueno, os hemos engañado un poquito, el Facebook no existía y sus poderes mentales solo eran capaces de predecir el futuro en parte. Y es que aunque la tecnología traiga cambios fulgurantes y cambie los canales de nuestra socialización, la naturaleza humana que está en la base sigue siendo la misma, y los pensamientos de un buen observador se hacen aplicables a los asuntos de la mayor actualidad.

Este poema de Pessoa nos hace reflexionar sobre algo tan actual como la imagen irreal que se proyecta sobre las redes, el exceso de felicidad y aventura y el sentimiento de que nuestra vida es aburrida y pesada que esto nos provoca. ¿Alguien se siente identificado?

 

Poema en línea recta – Álvaro de Campos (Fernando Pessoa):

Nunca conocí a nadie a quien le hubieran partido la cara.

Todos mis conocidos han sido campeones en todo.

 

Yo, tantas veces ruin, tantas veces puerco, tantas veces vil,

Tantas veces imperdonablemente parásito,

Indiscutiblemente sucio,

Yo, que tantas veces no tuve paciencia para bañarme,

Yo, que tantas veces fui ridículo, absurdo,

Que me he atrancado los pies públicamente en las alfombras de los buenos modales,

Que he sido grotesco, mezquino, sumiso y arrogante,

Que he sufrido afrentas callado,

Que cuando no me he callado, he sido más ridículo todavía;

Yo, que he sido el hazmerreír de las criadas de hotel,

Yo, que he visto cómo los mozos de envíos me guiñaban el ojo,

Yo, que he hecho vergüenzas financieras, pedido prestado sin pagar,

Yo, que, cuando hubo que enfrentarse a los golpes, me escondí sin pensarlo

De cualquier posibilidad de daño;

Yo, que he sufrido la angustia de las cosas pequeñas y ridículas,

Yo me doy cuenta de que no tengo par en esto en todo el mundo.

 

Toda la gente que conozco y que habla conmigo

Nunca tuvo un acto ridículo, nunca sufrió afrentas,

Nunca fue nada sino príncipe – príncipes todos ellos – en la vida…

 

Cómo me gustaría oír de alguien la voz humana

Que confesase no un pecado, sino una infamia:

Que contase, no una violencia, sino una cobardía.

No, todos son el Ideal, si los oigo y me hablan.

¿Quién en este largo mundo confiesa que una vez fue vil?

Oh príncipes, hermanos míos,

 

¡Basta, estoy harto de semidioses!

¿Dónde hay gente en este mundo?

 

¿O es que solo yo soy vil y erróneo en esta tierra?

 

Puede que las mujeres no los hayan amado,

Pueden haber sido traicionados – ¡pero nunca ridículos!

Y yo, que he sido ridículo sin haber sido traicionado,

¿Cómo puedo hablar con estos seres superiores sin titubear?

Yo, que he sido vil, literalmente vil,

Vil en el sentido mezquino e infame de la vileza.

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