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El misterio del Codex Gigas, la ‘Biblia del Diablo’


Diablo del Codex Gigas
El Codex Gigas destaca por dos facetas. La primera salta a la vista desde su mismo nombre (“libro gigante”, en latín), y es que se trata del manuscrito medieval más grande del mundo; su increíble tamaño (92 x 50 x 22 cm.) propició que se lo conociera en su época como la “octava maravilla del mundo”. Su otra singularidad es que, según cuenta la leyenda, pudo ser obra del mismísimo Diablo, presente en una de las páginas finales de la obra.

Las investigaciones modernas han permitido reconstruir la historia de este códice. Fue creado a principios del siglo XIII en el monasterio benedictino de Podlažice —cerca de Chrudim, en la actual República Checa—, hoy destruido; según consta, su autor fue el monje Herman ‘el Recluso’. En 1295 el monasterio tuvo que vender el manuscrito al obispado de Praga, hasta que en una guerra el emperador Rodolfo II De Habsburgo lo tomó como botín en 1594. Por último, al final de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), los suecos se hicieron con él como parte del saqueo que sucedió a su victoria y lo trasladaron a la Biblioteca Nacional de Suecia, donde todavía hoy es exhibido. Esta, sin embargo, fue objeto de un incendio en 1697, del cual salvaron el Codex Gigas lanzándolo por una ventana. Este incidente pudo ser el causante de la pérdida de algunas hojas que hoy faltan.

En cualquier caso, las 624 páginas que se conservan —en muy buen estado— tenían el ambicioso objetivo de reunir distintas áreas del conocimiento humano, además de una transcripción de la vulgata (biblia latina). Así, contiene el texto completo de la Crónica checa de Cosmas de Praga, curas medicinales, hechizos mágicos, dos textos del historiador Flavio Josefo, las Etimologías de San Isidoro de Sevilla, un calendario y una lista necrológica, entre otros documentos. Todo ello aderezado con innumerables iluminaciones en tintas roja, azul, amarilla, verde y oro, a menudo para ocupar una página completa.

Se calcula que reproducir estos 75 kilos de conocimientos manuscritos llevaría aproximadamente 30 años y se apunta a que Herman ‘el Recluso’ pudo haberlo hecho a modo de penitencia para redimirse de algún pecado cometido, algo habitual —aunque a menor escala— entre los escribas de la época. Sin embargo, una leyenda que tiene su origen en la misma Edad Media asegura que dicho monje quebrantó los votos monásticos y fue por lo tanto condenado a morir emparedado. Arrepentido, Herman prometió escribir en una sola noche un libro que glorificaría al monasterio para siempre, en el que incluiría todo el conocimiento humano. Cuando se dio cuenta de que nunca podría conseguirlo, rezó a Satanás para que lo ayudara a terminar su gigantesca obra a cambio de su alma. El Diablo aceptó, poniendo como condición figurar en una de las páginas del libro a modo de homenaje.

Aunque disparatada, la leyenda explica muchos de los misterios que rodean al manuscrito. ¿Cómo pudo un monasterio tan humilde producir una obra tan magnífica? ¿Por qué incluir al Diablo en una obra de carácter religioso? ¿A qué se refería Herman al autoapodarse ‘el Recluso’? ¿Por qué incluyó hechizos mágicos en su obra? Para más inri, la grafología ha determinado no sólo que el manuscrito fue escrito por una única persona, sino que el texto y las iluminaciones siguen exactamente los mismos patrones de principio a fin, sin las variaciones esperables del paso de varias décadas.

¿Habrá algo de sobrenatural en el Codex Gigas? Lo más probable es que la duda perdure tanto como el pacto del desdichado Herman.

 

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