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¿Están los libros antiguos en buenas manos? El caso de Girolamini


Biblioteca Girolamini (Nápoles)

Existen miles de libros de valor incalculable. Solo en IberLibro contamos con varios que superan el millón de euros, mientras que en bibliotecas, iglesias, museos y colecciones particulares podemos encontrar piezas únicas de gran relevancia histórica, tales como el fragmento más antiguo del Nuevo Testamento o la Declaración de Independencia de EE.UU. Custodiar tan vasto patrimonio es una responsabilidad colectiva que no siempre está a la altura de las exigencias.

Es el caso de la Biblioteca Girolamini (imagen), en Nápoles, escenario de uno de los mayores robos jamás cometidos. Más de 1.500 libros de gran valor se calcula que “desaparecieron” en sucesivas acciones a lo largo de los años. El número es incierto porque, además, resulta que una buena parte de los ejemplares no estaban catalogados ni tenían sello alguno que indicara su pertenencia a la biblioteca.

La explicación de semejante desastre es muy sencilla: el enemigo estaba en casa. Marino Massimo de Caro era el encargado de gestionar este excepcional fondo de 170.000 obras, abierto al público desde 1586. Un consejero de Berlusconi sin formación para el puesto que resultó ser el cerebro de una compleja y extensa red criminal con contactos también fuera de Italia, y responsable de un intrincado plan para el expolio progresivo de otros enclaves culturales como Pompeya y Herculano.

Massimo de Caro

Massimo de Caro

En la trama de Girolamini también tomaron parte un comisario, un cura y cuatro empleados de la biblioteca, que fueron finalmente denunciados por otros trabajadores que consiguieron extraer imágenes tomadas por las cámaras de uno de los robos. Entre los libros que fueron destinados al mercado negro se encuentran el original de la Divina Comedia, una edición única de la Enciclopedia de Alembert y Diderot y ediciones centenarias de Aristóteles, Descartes, Galileo y Maquiavelo, entre muchos otros. La lista completa, sin embargo, es toda una incógnita.

El juicio a Massimo de Caro se saldó en marzo del año pasado con siete años de arresto domiciliario. Una condena que, aunque muchos considerarán leve, indignó al propio acusado, que aseguró que el saqueo había comenzado ya antes de su mandato y que su objetivo al hacerlo no era otro que el de recaudar fondos para la restauración de la biblioteca.

En cualquier caso, esperemos que el bochornoso escándalo de la Biblioteca Girolamini haya servido para alertar  a las autoridades de la responsabilidad que entraña el cuidado del patrimonio cultural y de la relativa facilidad con la que a menudo se accede a obras de inestimable valor.

> Sala de libros antiguos y de colección de IberLibro.

Fuentes: Imagen | Noticia
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