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Cien años de “Platero y yo”, un clásico publicado por casualidad


Platero2014 será sin duda el año de Platero. Se cumplen 100 años de la publicación original del célebre relato de Juan Ramón Jiménez, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1956 y de gran influencia en la generación del 27. Muchos estaréis familiarizados con Platero y yo, la tierna historia de un “asnucho” —como lo llamaba el propio Juan Ramón— que comienza así:

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. Lo dejo suelto y se va al prado y acaricia tibiamente, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas. Lo llamo dulcemente: “¿Platero?”, y viene a mí con un trotecillo alegre, que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal…

No sorprenderá a nadie que el texto sea considerado uno de los más destacados ejemplos de prosa poética en español. Si bien se la tiene por una obra de literatura infantil por su sencillez y transparencia —no en vano es de lectura obligada en muchas escuelas—, Platero y yo es un cuento adulto, tal y como deja claro en un “prologuillo” el propio Juan Ramón: “Yo nunca he escrito ni escribiré nada para niños, porque creo que el niño puede leer los libros que lee el hombre, con determinadas excepciones que a todos se le ocurren”.

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Primera edición, 1914

Con toda probabilidad, escribió esto debido a que la primera edición fue publicada por la editorial La lectura, cuyo director le había rogado a Juan Ramón un libro para su nueva biblioteca para niños. A pesar de todo, no estaba en los planes del autor difundirlo entonces, pues lo reservaba para la publicación de sus “obras completas”, que luego jamás entregaría. ¿Por qué lo hizo, entonces? Según explicó a EFE hace unos días Carmen Hernández-Pinzón, sobrina nieta del poeta y representante de sus herederos, “jamás habría visto la luz si no es por un enfado con su amada Zenobia, que retrasó una traducción de Tagore que él había prometido entregar a un editor y para la que tenía que contar con la gran ayuda de ella”.

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Juan Ramón Jiménez y Platero

Agobiado, Juan Ramón no tuvo más remedio que entregar Platero y yo, animado también por Giner de los Ríos, fundador del Instituto de Libre Enseñanza. En palabras de Hernández-Pinzón, Giner “le dio el espaldarazo total al libro porque en él se daban también todos los principios de la Institución Libre de Enseñanza: el amor por los animales, la naturaleza, la sencillez, la vida en el campo, los valores humanistas y universales…”. En cualquier caso, en 1917 fue publicada la edición completa, con 138 capítulos, y Juan Ramón se planteó ampliar el libro hasta los 190 e incluso lanzar una segunda parte titulada Otra vida de Platero, algo que nunca sucedió.

En definitiva, una muestra más de cómo factores que van más allá del talento y la voluntad del autor pueden influir de forma decisiva en la consecución o no de todo un icono literario.

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