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¿Puede un escritor jubilarse?


Arthur Rimbaud en IberLibroSe suele decir que el escritor necesita escribir. Que percibe el mundo de una manera especial y la escritura es, para él, una forma de canalizar sus pensamientos y su vida interior. En otras palabras, una terapia necesaria. Sin embargo, en dos años han anunciado su retirada el novelista estadounidense Philip Roth y la autora canadiense Alice Munro, flamante ganadora del Premio Nobel. Cabe hacerse por lo tanto la siguiente pregunta: ¿puede un escritor sencillamente dejar de escribir?

Lo cierto es que apenas se han dado casos de escritores que, gozando de salud y en plenas facultades, hayan decidido abandonar su pasión. Tanto Roth como Munro cuentan ya 80 años, por lo que es comprensible que no deseen publicar más obras y prefieran liberarse de la presión editorial. ¿Pero dejarán de escribir? Sin ir más lejos, la escritora canadiense acaba de poner en duda su decisión de retirarse y ha pedido que se destruyan tras su muerte todos sus trabajos inéditos.

Juan Rulfo en IberLibroEn cualquier caso, sí que hubo algunos autores que, si continuaron escribiendo, no dejaron constancia de ello. El caso más conocido es el de Arthur Rimbaud, uno de los iconos de la poesía francesa y universal, que escribió el grueso de su obra entre los 16 y los 20 años para que siguiera un silencio inexplicable hasta su muerte prematura, 17 años después. También es notorio el enigmático caso del novelista J. D. Salinger, recluido en su casa de forma voluntaria desde 1967 hasta su fallecimiento en 2010, tras el que se especuló con que pudieran publicarse obras inéditas. Por último, podrían añadirse a la lista otros autores como el mexicano Juan Rulfo y el inglés E. M. Forster, ambos retirados en torno a los 40 años.

Sea como fuere, estos casos parecen una excepción en lugar de una tónica habitual. Es más, ni siquiera podemos estar seguros de que Roth y Munro hayan dejado de escribir, o lo hicieran en su momento Rimbaud, Salinger, Forster y Rulfo. Tal vez el verdadero misterio radique en ese efecto que la escritura causa en el escritor, que hace que este no pueda vivir sin aquella, y viceversa.

Fuente: Revista Eñe
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