Aproximación al estado de la interculturalidad: red de escuelas interculturales

 
9788499871561: Aproximación al estado de la interculturalidad: red de escuelas interculturales
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El año 2011 el Consejo de Europa publicó un informe con el título “Vivir juntos, combinar libertad y diversidad en la Europa del siglo XXI”, en el que se proponen diversas medidas para afrontar los preocupantes desafíos que representa el creciente renacimiento de conductas de intolerancia y discriminación contra determinados grupos sociales en algunos países europeos .La discriminación y la intolerancia se extienden hoy por Europa tomando como blanco preferente a los inmigrantes y a los gitanos y por ello el Consejo de Europa estima que las sociedades europeas deben adoptar políticas basadas en la aceptación de la diversidad y el trato como ciudadanos a todos los residentes en sus territorios, en términos de igualdad de derechos, cualquiera que sea su cultura, religión, nacionalidad u origen étnico. Porque la ciudadanía igual en derechos y libertades es un concepto que debe prevalecer sobre las identidades. La identidad en todo caso, según una idea que compartimos, es asunto de cada persona, que debe estar en condiciones de elegirla libremente, sin que pueda ser obligada por ningún grupo o Estado a permanecer u optar por una identidad determinada, con exclusión de otras identidades posibles. Efectivamente preocupa y alarma la creciente intolerancia y trato hostil del que son objeto algunos grupos de inmigrantes, gitanos, musulmanes, judíos, colectivo LGTB, etc. Convertidos en auténticos chivos expiatorios de situaciones que ellos no han provocado ni creado, como el paro, la reducción de salarios, la insuficiencia de servicios y prestaciones públicas, el aumento de la delincuencia y del fracaso escolar... Las crisis económicas y las tensiones que estas provocan sobre el sistema social, sumadas a los valores individualistas y sectarios que predominan en amplios sectores de las sociedades europeas, han contribuido a la exacerbación de las amenazas que pesan no solamente sobre los grupos citados sino también sobre los sistemas, valores y modos de vida democráticos. Las cosas no pueden seguir yendo en esa dirección. Es preciso producir un cambio para poner freno a la degradación que comienza a experimentar la paz y el dialogo en el seno de una sociedad que ofrece una realidad de carácter plural .Y en ese compromiso de cambio tienen un papel como actores principales, pero no únicos, los educadores. Porque todas las personas necesitan adquirir “competencias” desde edad temprana por medio de la enseñanza para vivir juntos como ciudadanos iguales. Pero ello solamente será posible si los Estados y sus autoridades establecen desde la escuela estrategias de integración, implementado medidas que faciliten la convivencia entre comunidades y personas diferentes y permitiendo que la educación sirva también para sensibilizar sobre el logro de la convivencia intercultural. Vivir juntos –no solamente coexistir o tolerar una cierta proximidad de los que son diferentes– es el gran reto y el gran objetivo. Para lograrlo es preciso superar el respeto pasivo hacia quien es distinto y pasar a una valoración positiva de su diversidad. Es decir, aceptarnos como ciudadanos libres e iguales en dignidad y derechos, empezando en la institución escolar, de cuya comunidad formamos parte no solo para garantizar nuestro éxito profesional y la prosperidad económica. Ciudadanos iguales en derechos y diversos en nuestras opciones culturales o ideológicas. La escuela, para realizar tal misión de educación intercultural requiere que los fines asignados por la legislación y el mismo Estado definan con claridad los objetivos que debe cumplir en este campo. A nuestro juicio no pueden ser otros que la formación del ciudadano para su realización como persona individual y ser social, cultural, político y no solamente económico. La realización de una política educativa suficientemente sólida para plasmar en la escuela los valores de ciudadanía conforme a los principios de ciudadanía universal o global que garantice a todos los derechos universales proclamados en su día por la comunidad internacional de pueblos y naciones, comenzando por el cumplimiento del derecho humano a la educación sin discriminación alguna por razón de sexo, etnia ,cultura ,clase social, confesión religiosa u origen nacional, incompatible, por tanto, con cualquier educación diferenciada que pretendiera introducirse por razones científicas, pero en realidad por ideologías inconfesable. Es decir, una política educativa propia de una sociedad abierta que supere cualquier tentación de monoculturalismo preceptivo o excluyente. A esto es preciso añadir el concepto y la práctica de la escuela ordenada, organizada, vivida y realizada como comunidad escolar de padres y madres, profesorado y alumnado, dotada de capacidad de autoorganización y autonomía democrática. Comunidad escolar capacitada para ser gestionada y educar conforme a un código de gobernanza democrática y el respeto a los derechos humanos. Como dice la Carta del Consejo de Europa sobre Educación para la Ciudadanía Democrática:”Los Estados deberán fomentar y facilitar, a través de los medios adecuados, la participación activa de los estudiantes, del personal docente y de las partes interesadas, incluidos los padres, en la gobernanza de las instituciones educativas”. Ello será la ocasión para que la pluralidad subyacente en tal comunidad sea practicada como dialogo y convivencia buscando intereses escolares comunes y evitando separaciones, rupturas o segregaciones. En suma, se trata de andar los diversos caminos que nos conducen hacia una escuela entendida como institución educadora y socializadora al servicio de una sociedad plural, de ciudadanos y ciudadanas diversas, en la diversidad de necesidades, objetivos y problemas que deben ser abordados entre todos y para beneficio de todos y todas.

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