Imágenes que cuentan: Nueva ilustración de libros infantiles

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9788425221972: Imágenes que cuentan: Nueva ilustración de libros infantiles
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Reseña del editor:


‘El pequeño propietario de libros posee una galería privada de arte con la que tiene una relación muy especial.’

Estas palabras de Walter Herdeg cobran hoy todo su sentido gracias a la labor de una nueva generación de artistas gráficos que ofrece a los lectores más pequeños narraciones en imágenes con un estilo propio. Mediante el uso de técnicas tradicionales y digitales, rompen la tendencia uniformadora del mercado de la ilustración infantil y contribuyen al enriquecimiento del imaginario de los más pequeños.

Este libro recoge los ejemplos más interesantes de la ilustración de libros infantiles actual y ofrece un examen de los distintos enfoques que se están desarrollando sobre el tema.

Extracto. © Reimpreso con autorización. Reservados todos los derechos.:



Texto de la introducción:

‘Introducción

En una época en la que, día a día, consumimos un festín de imágenes cada vez más complejo y sofisticado, que se nos bombardea desde todas las direcciones, quizá no nos sorprenda que en el arte de ilustrar para el público infantil haya ocurrido casi una revolución. Este mundo secreto, que se hace invisible a los ojos de la mayoría de los adultos, ha presenciado en los últimos años la afluencia de una generación de artistas gráficos profundamente imaginativos, que se sirven de una rica variedad de técnicas (tradicionales, digitales y una combinación de ambas) para complementar la labor de los artistas más consolidados de este fascinante campo del cometido creativo.

Al realizar en este libro lo que, forzosamente, ha de ser una selección muy subjetiva, el propósito ha sido representar un abanico de tendencias estilísticas y conceptuales unido a un conjunto de rasgos culturales propios de distintos puntos del planeta, en el contexto de la globalización del mercado. Son cada vez más los artistas que se sienten atraídos por la ilustración de libros infantiles, fascinados por el gran potencial del diseño creativo de autor y por el elevado estatus de sus creadores (ahora que, aparentemente, empieza a estar bien visto). Si bien puede resultar abrumador el alcance actual de la innovación y la técnica, no hay que olvidar que todos estos trabajos comparten, o deberían compartir, un propósito o prerrequisito, a saber: comunicarse con y atraer las miradas y las mentes de los más pequeños. Aquí arranca un largo debate acerca de lo que constituiría una dieta visual apropiada para niños. Según parece, las diferentes culturas siguen contando con puntos de vista y tradiciones igualmente divergentes. Una visita a la Feria del Libro Infantil de Bolonia, sin ir más lejos, pone de relieve que, hoy por hoy, las editoriales británicas son tremendamente conservadoras en contraste con sus homólogas francesas, italianas, alemanas y escandinavas. Cuando se les pregunta al respecto, la mayoría de los editores británicos alegan que, a pesar de lo mucho que les atrae todo lo sofisticado, no lo editan porque, sencillamente, no lo venden. No es fácil saber qué fue primero, si el huevo o la gallina, pero nos resulta difícil creer que algunos países engendren niños más perspicaces y visualmente intuitivos que otros. Puede que la explicación más lógica se halle un una nueva tendencia de marketing, en la que las predicciones se cumplen por predisposición propia.

La expresión ‘alfabetización visual’ se ha ido extendiendo a lo largo de los últimos años, y suele hacer referencia a la relación de los niños con los álbumes ilustrados o textos visuales. Es un término que parece que hubieran secuestrado los académicos. Si ‘alfabetización’ significa la habilidad de leer, escribir y comprender, resulta razonable que ‘alfabetización visual’ se refiera a la destreza de ver, dibujar y formular un juicio estético, más que a la capacidad de descodificar las imágenes en palabras-significados. Los dibujos de los libros ilustrados comunican gran cantidad de cosas a los pequeños y son mucho más que una pista servil, bajo las órdenes de las palabras: a menudo, las imágenes portan todo el significado. Además, soy de la opinión de que las ilustraciones de los libros infantiles desempeñan en el proceso de desarrollo del niño una función mucho más importante que el puro auxilio a la lectura. Como apuntaba Walter Herdeg hace treinta años en una edición especial de Graphis dedicada a la ilustración de cuentos infantiles: ‘El pequeño propietario de libros posee una galería privada de arte con la que tiene una relación muy especial, pues estudia con detenimiento sus imágenes favoritas, una y otra vez; las observa fijamente con una fascinación que garantizará indelebles recuerdos de tramas y escenarios -franceses, suecos, suizos, ingleses y otros muchos-’. Independientemente de cuáles sean nuestras opiniones acerca de la conveniencia estilística del imaginario para cada grupo de edad, es probable que coincidamos en la importancia de que los niños tengan acceso a un arte de calidad. La ilustración de libros infantiles está empezando, muy poco a poco, a acuñar un arte y un diseño de la más alta calidad.

La revolución que hormiguea en la ilustración de literatura infantil no está exenta de inquietudes y críticas. ¿Hasta qué punto, por ejemplo, los artistas la utilizan caprichosamente a modo de trampolín para saltar más allá de los intereses de su público? Se nos plantea, además, la cuestión de los grupos de edad y de si estas ilustraciones ingeniosas llegan a limitar o a inhibir la imaginación del niño. Además, quizá sea cierto que se han publicado demasiados libros infantiles mediocres en los últimos años. En consecuencia, muchos editores están restringiendo sus catálogos, a la vez que los libreros se van haciendo más selectivos. Otra preocupación que nos atañe es el efecto que tiene el mercado global sobre las distintas identidades y tradiciones culturales. La rica diversidad mundial del material gráfico se está viendo amenazada por la necesidad creciente de los editores de vender coediciones de sus libros a otros países, sobre todo a Estados Unidos. Esto ha dado origen a una tendencia alarmante que instiga a los artistas, mediante largas listas de pautas a seguir, a evitar referencias visuales manifiestamente localistas. Esto parece ser una idea mal encaminada y, de acuerdo con el influyente escritor de literatura infantil Joseph H. Schwarcz: ‘Por suerte es cierto que, como todo arte de calidad, el sentido universal presente en los ejemplos más exquisitos emana de un fuerte sabor local’.

Algunos de estos dilemas se estudian en profundidad en la literatura academicista, donde los textos verbales y visuales de los libros infantiles se examinan de acuerdo con su función específica en el desarrollo educativo del niño. Este libro, sin embargo, se centra más en el arte en sí y en las ideas y motivaciones de los artistas. Es importante tener en cuenta que muchos de estos artistas no se ciñen únicamente al mundo de los libros infantiles: la mayoría desarrolla su trabajo en todas las áreas de las artes gráficas, entre ellas, el mundo editorial, el diseño y la publicidad. Cada vez es más factible que los ilustradores de cuentos infantiles expongan sus obras en galerías y vayan creando resueltamente nuevas salidas al mercado para sus trabajos. Ha sido interesante comprobar a través de las entrevistas con los distintos artistas aquí citados que la mayoría manifiesta no tener en cuenta de manera consciente la edad de su público al crear un libro. Shaun Tan nos lo explica en su ensayo Picture Books: Who are they For? (Álbumes ilustrados: ¿para quién son?) (www.shauntan.net):

No es una cosa que tenga demasiado en mente cuando trabajo aislado en mi pequeño estudio, apartado de cualquier público en general. De hecho, pocas cosas podrían distraerme más a la hora de tratar de expresar una idea que tener que considerar la reacción del lector.

A veces se dice que los artistas en general tienden a estar en contacto con su niño interior mucho más de lo que lo están la mayoría de los mortales (Serge Bloch habla elocuentemente del tema al describirnos su perspectiva de trabajo). Innegablemente, el espíritu lúdico puede ser el componente clave de la experimentación creativa. Por lo tanto, parece inevitable y hasta esencial que el artista-autor se concentre en la creación intuitiva y deje para otros la tarea de analizar los problemas que giran en torno a la edad del público y la idoneidad de la estilística. No obstante, para crear un álbum ilustrado se requiere una comprensión perspicaz de la secuencia visual, la cadencia, el ritmo y el ‘drama’ del paso de la página.

La selección de artistas de estas páginas es significativa tanto por los que omite como por los que incluye. Soy consciente también de que el concepto de novedad es bastante delicado y no tengo intención de sugerir o identificar ninguna tendencia estilística al respecto. La novedad es, lógicamente, inherente a todo el trabajo creativo y se hace evidente en la siempre sorprendente producción de tan geniales y cimentados artistas como Maurice Sendak, Quentin Blake, Eric Carle y Satoshi Kitamura. Queda por ver cuántos de los nuevos artistas llegarán a disfrutar de carreras tan dilatadas en el mundo editorial como las de dichas firmas consolidadas, que a todos resultan familiares.

Se ha hablado mucho de la revolución digital y de su impacto en el mundo de la ilustración. En la década de los ochenta se empezó a presagiar el final del papel impreso y el declive del libro y, como suele ocurrir con la llegada de cualquier nueva tecnología, la exageración y las predicciones extravagantes y apocalípticas tienden, finalmente, a dar paso a una coexistencia pacífica. Aunque el libro, en su soporte tradicional, parece no gozar de muy buena salud, por ahora no se puede decir que haya muchos casos de niños que, a la hora de dormir, lean cuentos en ordenadores portátiles. Sin embargo, es interesante advertir que, aunque se haya reducido la ilustración puramente digital en los libros infantiles, el ordenador se empieza a usar cada vez más con carácter instrumental. Paradójicamente, en una época en la que casi cualquier material gráfico original se puede reproducir de mil maneras fabulosas, muchos utilizan la tecnología para imitar los efectos de la antigua imprenta o para lograr un mayor control sobre los procesos de diseño. Resulta irónico que se empleen herramientas digitales para crear una estética simpática y de corte artesano a partir de ilustraciones dibujadas a mano y posteriormente manipuladas con el escáner. La mayoría de los artistas incluidos en estas páginas trabajan casi siempre frente a una pantalla y todos coinciden en señalar que prefieren utilizar el menor número de herramientas digitales posible. El caso del artista noruego Stian Hole es especialmente interesante y se pregunta si su trabajo, creado con Photoshop, llegará a parecer tan anticuado en el futuro como resulta en la actualidad la aerografía de las décadas de los setenta y ochenta. Me gustaría creer que no. Con los inicios del Photoshop, cuando todos se encapricharon con el nuevo juguete, empezó a dominar una estética de composiciones por capas. Con todo, cuando es la visión artística la que capitanea el proceso de trabajo, la herramienta se va haciendo invisible.

El estilo en el contexto de la ilustración es un término manido y harto simplista. Cuando se persigue un estilo de manera consciente, es inevitable que el producto resulte trillado. En la honrada pero ardua labor de tratar de expresar una idea, se reconocen idiosincrasias que van evolucionando en el trabajo de los ilustradores. ‘Sin idea -explica Serge Bloch- no hay dibujo; el ‘estilo’ no es que me entusiasme demasiado... ralentiza la idea’. Pese a todo, los niños de ahora se van haciendo mayores con la capacidad instantánea de reconocer el trabajo de ilustradores determinados, cuyos nombres se saben al dedillo, tan bien como los de sus escritores favoritos. Cada día, más galerías se están especializando en la venta de arte gráfico original procedente de la ilustración, una importante fuente de ingresos extraordinarios para los aclamados (aunque no muy bien retribuidos) artistas o, al menos, para aquellos que trabajan con técnicas tradicionales.

Las artes gráficas llevan tiempo reclamando un reconocimiento y parece que éste se encuentra a la vuelta de la esquina. A pesar de todo, sus exponentes trabajan con una integridad silenciosa que raramente les incita a buscar atención o publicidad. Quizá haya llegado el momento de que los nuevos artistas salgan, entrecerrando los ojos, a la luz, para empezar a recibir la atención y el prestigio que se merecen.

Copyright del texto: sus autores
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL

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