Hilary French Nueva vivienda urbana

ISBN 13: 9788425221064

Nueva vivienda urbana

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Reseña del editor:


El proyecto de vivienda plurifamiliar empezó a ser tomado en consideración a finales del siglo XIX y principios del XX, como resultado del crecimiento de las ciudades y los cambios sociales. Las ideas planteadas por los arquitectos del movimiento moderno, acuciados por la necesidad de proporcionar alojamientos lo más rápido y eficazmente posible, han constituido la base de los proyectos de vivienda colectiva en todo el mundo durante muchas décadas. Actualmente, a la luz de un contexto urbano y económico muy distinto, los arquitectos están revisando aquellas propuestas del movimiento moderno, con el fin de desarrollar nuevas tipologías, más acordes con las necesidades contemporáneas.

Nueva vivienda urbana expone críticamente en su introducción la historia del desarrollo de la vivienda plurifamiliar como tipo residencial urbano y a continuación presenta 36 ejemplos recientes de vivienda colectiva de todo el mundo, agrupados según su planteamiento urbano: viviendas en hilera, manzanas y bloques con patio, bloques de colmatación urbana y torres y bloques aislados. Cada uno de los proyectos se presenta profusamente ilustrado con planos y fotografías que permiten entender el edificio en su entorno.

Extracto. © Reimpreso con autorización. Reservados todos los derechos.:



Extractos de la introducción:

‘Introducción

(...) Históricamente, el proyecto de vivienda colectiva urbana -complejo por naturaleza, y en particular, el del bloque residencial- se ha relacionado con el de viviendas para pobres. Cualquier estudio detallado sobre proyectos de vivienda debe tener en cuenta las cuestiones socioeconómicas, que son cruciales durante las fases del proyecto y la construcción. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, estos aspectos han perdido relevancia, a medida que han ido cambiando los mecanismos de financiación, los programas de subsidio y los sistemas políticos. A modo de introducción a varios ejemplos recientes que han supuesto una contribución en aspectos diferentes del proyecto de viviendas, este ensayo intenta proporcionar una perspectiva amplia sobre la historia, relativamente breve, del bloque residencial e ideas afines en la arquitectura de la vivienda urbana.

Los primeros años

A principios del siglo XIX, como consecuencia de la rápida industrialización y del crecimiento espectacular de la población, Londres sufrió problemas importantes a causa de la falta de viviendas adecuadas. La clase obrera vivía en unas condiciones extremas de hacinamiento, en edificios de mala construcción, carentes de iluminación y de ventilación adecuadas, con instalaciones sanitarias insuficientes o sin ellas. Las familias más acomodadas se trasladaron a las afueras de la ciudad en crecimiento, pero esta solución no estaba ni mucho menos al alcance de todo el mundo. Dicho llanamente, la respuesta al problema de la falta de vivienda fue la de construir más y con mayor densidad. La edificación de casas adosadas en hilera estaba en manos de los especuladores privados y las empresas constructoras, que, por lo general, se limitaban a repetir modelos conocidos o variantes de plantas típicas. Análogamente, en los primeros tiempos de los edificios de pisos de alquiler y los bloques de viviendas, los arquitectos rara vez fueron involucrados en estos temas. Los precios del suelo eran altos y para los promotores, deseosos de rentabilizar al máximo su inversión, contratar a un arquitecto -cuyo proyecto seguramente exigiría mejorar la construcción, las instalaciones sanitarias y la organización general de la planta- significaba un incremento en los costes de la construcción. La provisión de viviendas de buena calidad a un precio de alquiler bajo no se consideraba como una cuestión arquitectónica, sino como un factor más de un conjunto más complejo de aspectos infraestructurales, tales como sistemas de saneamiento, planificación del transporte y diversos aspectos sociales y económicos, que, juntos, constituyen una visión global del proyecto. (...)

Al otro lado del Atlántico, en los albores del siglo XIX, las distribuciones de la vivienda en Nueva York eran similares a las de otras ciudades portuarias, tales como Londres o las holandesas. Los artesanos y pequeños comerciantes ocupaban edificios individuales del tamaño adecuado para sus actividades comerciales y para alojar a sus familias, aprendices y sirvientes. A medida que esas zonas se densificaban y se hacían más ruidosas y mugrientas, los más adinerados aspiraban a construir sus casas, separando el trabajo de su entorno doméstico y de ocio. Década tras década, se fueron desplazando hacia el Norte, edificando sobre terrenos vacíos, alejados de las áreas portuarias del sur de la isla de Manhattan. Las casas que abandonaban se subdividían y alquilaban a los más pobres y a los nuevos inmigrantes. Los promotores construían casas en hilera, parecidas a las de Londres, ya fuese en forma de edificios de vivienda plurifamiliar o de casas de vecindad para las clases más desfavorecidas, que podían alquilarse a más de una familia. En Manhattan, particularmente, la presión demográfica y la alta demanda de suelo dispararon los precios. Para las clases medias nacientes, que no estaban dispuestas a vivir con sus familias en el ambiente de los bloques de pisos, pero que tampoco podían permitirse el lujo de vivir en casas en hilera, la única opción viable era desplazarse a las afueras. Esta alternativa acabaría por generar un nuevo tipo de bloque de viviendas construido para satisfacer esa necesidad.

Aunque las familias más ricas seguían aspirando a vivir en una casa, la característica casa en hilera de Nueva York no siempre era la más confortable. De hecho, no resultaba nada fácil mejorarla y obtener más espacio vital dentro de los límites de un solar tipo.5 Las convenciones sociales dictaban que la planta baja se usara para ‘recibir’, pero, con el salón ubicado junto al vestíbulo de entrada, a menudo resultaba muy estrecha. Como en cualquier casa en hilera, el aumento de la profundidad de lo edificado reducía la luz natural, que penetraba únicamente por la fachada y por el patio trasero o los patios de luces. Los sirvientes que trabajaban en el sótano y vivían en el ático empleaban mucho tiempo en subir y bajar escaleras, por lo que la adición de nuevas plantas no hacía sino agravar el problema. Los bloques de viviendas parecían, pues, la respuesta adecuada. Sin embargo, como la gente los asociaba con los pobres, resultaba difícil convencer a las clases pudientes de que vivir en pisos era una opción aceptable.

Arquitectos y promotores inmobiliarios buscaron la inspiración en Francia. Además de su cultura de vivir en edificios de vivienda plurifamiliar, las ciudades francesas -especialmente París- ofrecían un modelo de vida urbana denso y mixto. No en vano, Richard Morris Hunt -el arquitecto que suele considerarse autor del primer edificio de viviendas de Nueva York destinado a residencia de la clase media- había crecido en París y estudiado en la École des Beaux Arts. El edificio de viviendas que proyectó, el Stuyvesant, en East 18th Street, se construyó en 1869. Se componía de cuatro viviendas por planta, organizadas en dos parejas idénticas en torno a dos entradas y patios de luces. En Real Estate Record se publicaron informes que explicaban el éxito financiero de este y otros proyectos similares. Lo de las ganancias elevadas se traduciría en que, en muy pocos años, los promotores se acabaron convenciendo de que el bloque de viviendas era un modelo aceptable.

A los nuevos edificios residenciales de viviendas, establecidos como tipo en 1875,6 se les llamó french flats (pisos franceses), para expresar su naturaleza autosuficiente y para distinguirlos de las viviendas para muchas familias y de las casas de vecindad. Pero, a pesar del entusiasmo de los promotores inmobiliarios, el nuevo tipo no fue aceptado inmediatamente por los inquilinos potenciales. Comparado con el estilo de vida americano, el francés -que incluía las terrazas de los cafés al aire libre- era mucho más público, siempre expuesto a la mirada atenta de la portera. En una vivienda con todas las dependencias en la misma planta, la separación entre los espacios privados, que eran los dormitorios, y los públicos, en los que se recibía a los invitados, era más difícil de conseguir. La planta francesa típica, con habitaciones comunicadas entre sí directamente, ofendía la noción americana de privacidad. También había ciertas reticencias a que las salas de estar se orientaran únicamente hacia la calle, y también a ‘vivir encima de la tienda’, lo que disuadió a muchos de incluir espacios comerciales al nivel de la calle.

Las primeras versiones de ‘edificios de pisos franceses’ tenían cinco o seis plantas de altura y seguían el mismo modelo de parcela individual de las casas en hilera. Aparte de unas pocas habitaciones públicas bien proporcionadas e iluminadas, que daban a la fachada principal, a menudo sólo tenían habitaciones oscuras y pequeñas situadas en las profundidades de la planta, patios de luces angostos y húmedos, y pasillos largos y lúgubres. Pero, a medida que los promotores inmobiliarios fueron tomando confianza, empezaron a apreciar las ventajas de emplear varias parcelas para una misma promoción y se aventuraron a abordar proyectos más ambiciosos de edificios de viviendas, aún mayores. El edificio Vancorlear, en la Séptima avenida, proyectado por Henry Janeway Hardenbergh en 1880, fue uno de los primeros en ocupar la manzana completa, una opción que pronto sería común. Comparados con los inconvenientes de las casas en hilera, en particular el de la falta de una iluminación natural adecuada, los nuevos grandes bloques de viviendas con patios ofrecían a los inquilinos adinerados más espacio y luz, y -debido a su mayor altura- también unas vistas espectaculares. La cubierta, que al principio sólo se utilizaba para albergar las cisternas de agua y los cuartos de máquinas de los ascensores, con el tiempo pasó a formar parte de las buscadísimas viviendas en el ático, incorporada como terraza o azotea ajardinada.

Como nuevo tipo de edificio, el bloque de viviendas no tenía precedentes estilísticos ni formales. El más cercano en lo funcional era el hotel. En algunos de los nuevos edificios, el énfasis en crear espacios públicos bien proyectados, incluidos los vestíbulos de entrada y los comedores, sugiere que los hoteles se usaron como modelo. También se desarrolló el tipo de apartotel, creado específicamente para satisfacer la demanda creciente de personas solas. Esos ‘apartamentos-cocina’ o ‘apartamentos concentrados’ fueron populares hasta bien avanzada la década de 1920. En el proyecto de aquellas viviendas minúsculas de una o dos habitaciones, los sistemas mejorados de calefacción y ventilación, junto con el diseño de una cocina eficiente, ocupaban un lugar importante. La tecnología y el diseño de artilugios solían centrarse en objetos como las nuevas camas plegables, que permitían transformar una sala de estar en dormitorio. El complicado diseño de las cocinas incluía entre sus componentes cocina económica y nevera, conductos para tirar la basura que hacían las veces de chimenea y sistemas de ventilación para las habitaciones interiores...

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