Suburbanismo y el arte de la memoria

 
9788425219948: Suburbanismo y el arte de la memoria
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Reseña del editor:


Este libro se plantea como un manifiesto del suburbanismo: una nueva aproximación a los modos de configuración urbanos que entienden el suburbio como el lugar en el que transcurre la vida cotidiana de muchas personas. Desafiando el papel protagonista del programa como regulador de la actividad proyectual, Sébastien Marot, argumenta que la atención debe dirigirse hacia el lugar, hacia el emplazamiento del proyecto. Pero no nos propone una lectura del mismo objetiva o en función del programa, sino una realizada con detenimiento, atendiendo a las capas superpuestas del tiempo y considerando activamente la memoria. Marot analiza este punto de partida mediante diversos ejemplos: el libro de Frances Yates sobre el arte de la memoria, tal y como era vivido en las civilizaciones antiguas; la analogía planteada por Sigmund Freud entre el pasado de una ciudad y la memoria; el paseo de Robert Smithson por la zona suburbana donde nació; o el proyecto de Georges Descombes para un parque en el suburbio de Ginebra, dónde vivió durante su niñez.

Extracto. © Reimpreso con autorización. Reservados todos los derechos.:



Texto de la introducción:

‘Introducción

El gran problema del urbanismo ya no es saber cómo elegir el emplazamiento donde se va a construir una ciudad, tal como lo planteó Alberti, sino saber cómo conseguiremos heredar unos emplazamientos que, en lo sucesivo, se verán afectados sin excepción por la mutación suburbana de los territorios, y qué proyectos deberemos emprender para abordarlo. Entre los dos grandes planteamientos que determinan cualquier proyecto, a saber, el programa y el emplazamiento, esta situación implica un cambio profundo de perspectiva. Apela a la emergencia de una disciplina en que la jerarquía del programa frente al emplazamiento, tradicionalmente instaurada por el urbanismo (a partir de la lógica del encargo, dominante en la arquitectura), quedaría invertida, de modo que el emplazamiento se convertiría en la idea reguladora del proyecto. A este camino alternativo, y sus consecuentes determinaciones específicas, que se perfilan de modo especialmente claro en la llamada arquitectura del paisaje, proponemos denominarlo suburbanismo.

Si bien tenemos que reconocer que este neologismo es algo ingrato, presenta sin embargo algunas ventajas. En primer lugar, apunta a un tercer estado del territorio, que actualmente constituye entre la ciudad y el campo, el marco más habitual en que se distribuye nuestra existencia, y que, ciertamente, es el ámbito más importante donde los profesionales desarrollan su trabajo. Pero, además, cuestiona el concepto de urbanismo, otro neologismo cuyo estado civil tiene poco más de un siglo de antigüedad, y que, desde un punto de vista etimológico, ha quedado unido a los modelos de la ciudad centro. En tercer lugar, si identificamos la suburbia como la patria histórica de la arquitectura del paisaje, y casi como su utopía concreta -es decir, como el lugar desde el cual esta disciplina ha contemplado el mundo y ha afrontado su transformación-, el concepto de suburbanismo permite volver a movilizar toda una tradición de reflexión y de proyecto que hasta el momento no ha sido interrogada con seriedad suficiente. Y, finalmente, lo más importante es que este concepto apunta al sustrato de nuestras prácticas de ordenación, pues presenta el emplazamiento, el asentamiento o el paisaje como las grandes infraestructuras cuyo sentido aborda todo proyecto, tanto si concierne a la ordenación del territorio, al urbanismo o, simplemente, a la arquitectura.

Debería quedar claro, pues, que con el término suburbanismo no pretendo definir un sector específico del urbanismo sino, de forma literal, una subversión de dicha disciplina, un cambio profundo en favor del cual el emplazamiento se convierte en la matriz del proyecto, mientras que el programa es utilizado como un instrumento de exploración, de lectura, de invención y, en definitiva, de ‘representación’ de dicho emplazamiento.

Cuatro reflejos, bastante anclados en la cultura del jardín, parecen caracterizar este camino alternativo: la memoria, o anamnesis, de las cualidades del emplazamiento; la visión del emplazamiento y del proyecto como procesos más que como productos; la lectura en espesor, y no solamente en planta, de los espacios abiertos; y, finalmente, el pensamiento relativo: una concepción del emplazamiento y del proyecto como campos de relaciones, más que como disposiciones de objetos. En este planteamiento no consideraremos estos cuatro reflejos como las reglas inflexibles de una ética, sino como preceptos de una moral provisional -es decir, imperfecta- que en sí mismos son esencialmente relativos, de una moral ‘de la que debemos proveernos provisionalmente mientras que no se llegue a conocer una mejor’. La condición de un arquitecto que se embarca en un proyecto en un lugar determinado puede compararse con la de un hombre que se lanza en paracaídas y se encuentra, de repente, sobre un bosque frondoso. Si no dispone de ningún mapa ni de ninguna regla adecuada que lo oriente a priori, sin duda le convendrá seguir, al menos hasta nueva orden, algunos preceptos verosímiles (por ejemplo, andar cuanto más mejor en línea recta) que tal vez le permitirán salir del apuro.

Así es como hay que entender estos cuatro reflejos heurísticos: como un vademécum que puede ayudarnos a encontrar algunas pistas en este laberinto que suele ser siempre la gestación de un proyecto y, al mismo tiempo, como una especie de instrumento crítico que nos permita analizar a posteriori cómo se relaciona un proyecto con el emplazamiento, lo reinventa y, por decirlo de algún modo, lo acierta.

El propósito de este ensayo es poner de manifiesto ciertas implicaciones y ciertas resonancias del primero de estos reflejos. En la arquitectura -en la arquitectura entendida como instrumento de memoria, o en la memoria entendida como materia, como dimensión de la arquitectura-, el tema de la memoria es un topos, un lugar común especialmente vívido del debate sobre la construcción y la ordenación. Si en la actualidad es necesario entrar en dicho debate es porque la condición suburbana invita a otorgar más relevancia y una mayor profundidad a esta cuestión.

Sin caer en la extravagancia, la vía que vamos a seguir para lograr este objetivo no es la demostrativa. Siguiendo un orden que va progresivamente del pasado al presente, de la arquitectura a la ciudad y de la ciudad al territorio, hemos interrelacionado cuatro reflexiones inspiradas en cuatro ‘objetos’ distintos, que aquí representan un papel parecido a los sucesivos elementos de una improbable charada. El primero es un libro publicado en 1966 por una historiadora inglesa de las ideas. El segundo es una metáfora inventada en 1930 por el fundador del psicoanálisis. El tercero es el relato de un paseo suburbano realizado en 1967 por un artista norteamericano. Y, finalmente, el último elemento es un pequeño parque proyectado por un arquitecto en un barrio periférico de Ginebra durante la década de 1980.

Si bien por el camino se han indicado algunos conmutadores o puertas falsas que permiten pasar de una reflexión a otra, los cuatro son relativamente independientes entre ellos. Son más bien como cuatro plantas o cuatro secciones paralelas de nuestro problema. Sólo esperamos que su yuxtaposición pueda estimular el pensamiento de los lectores para que las atraviesen y circulen por sus intervalos. Nuestra conclusión, que es más programática, se propone tender una malla común a las distintas plantas, y hacer valer en la memoria no sólo un precepto que pueda ser útil a la arquitectura, sino también una dimensión esencial de su renovación.

El concepto de suburbanismo no se plantea aquí sólo como una bandera que galvanice una nueva carrera hacia el espíritu de los tiempos, sino como un instrumento crítico cuya vocación es ayudar a entender algo que muchos arquitectos, paisajistas y urbanistas ya realizan efectivamente, y clarificar el contexto histórico en que lo realizan.

Soy muy consciente de que, desde hace más de veinte años, también el urbanismo ha sido objeto de otra subversión, representada por una corriente significativa de la arquitectura contemporánea, cuyo territorio de referencia no es la suburbia, sino la metrópoli. A dicha subversión la llamo sobreurbanismo (o superurbanismo), y es simétricamente opuesta a la anterior.

En efecto, mientras el suburbanismo puede ser descrito como una vía de proyecto que encuentra su programa en el emplazamiento en cuestión, de modo que la invención del programa depende por completo de la exploración y la representación del emplazamiento, el sobreurbanismo, por su parte, puede ser definido como una aproximación exactamente opuesta: una vía de proyecto que encuentra su emplazamiento en el programa. Es decir, que dicho emplazamiento se produce literalmente a través de la manipulación, el despliegue y la representación del programa (de sus estratos, de sus contradicciones). Por tanto, el programa es considerado, configurado y construido como un emplazamiento, puesto que todas las técnicas de cartografía y de análisis geográfico se transforman en herramientas de la concepción.

Aunque en la actualidad se ha denominado de muchas otras formas, el sobreurbanismo constituye una tendencia mayoritaria, bastante fácil de identificar, de la arquitectura contemporánea, y su principal poeta y teórico (él mismo se ha presentado como su ‘negro’) es, sin lugar a dudas, Rem Koolhaas.

Desde mi punto de vista, lo que resulta más extraño no es tanto la enorme influencia, e incluso la fascinación, que esta inspiración ha ejercido recientemente sobre la arquitectura y el urbanismo, como la lamentable ausencia de respuestas críticas y poéticas, una ausencia en la cual se evaporan todas sus leyendas. Expresándose mal y tentado demasiado a menudo por un moralismo fastidioso, el suburbanismo no tiene capacidad de respuesta, y se hunde. A quienes les impaciente este lamento, sería interesante señalarles que el superurbanismo contemporáneo tomó conciencia teórica de sí mismo a través de un ‘manifiesto retroactivo’ compuesto en honor y gloria de una metrópoli americana. ¿Significa esto que un manifiesto prospectivo del suburbanismo podría encontrar un motivo simétrico en la exaltación de una suburb de aquella misma metrópoli? En cualquier caso, este pequeño libro parte por entero de la idea de que las leyendas no admiten réplica..., a menos que sea por medio de otras leyendas.’

Copyright del texto: Sébastien Marot
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL

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Sébastien Marot
Publicado por Maurici Pla Serra, (tr.)
ISBN 10: 8425219949 ISBN 13: 9788425219948
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Atmosphere Books
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Descripción Maurici Pla Serra, (tr.). Condición: Muy Bueno / Very Good. Nº de ref. del artículo: 100000000594189

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