Territorios (Biblioteca Ignasi de Solà-Morales)

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9788425218644: Territorios (Biblioteca Ignasi de Solà-Morales)
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Reseña del editor:

Pensar en la ciudad y en la arquitectura es pensar en lo que hay, pero también es proponer nuevas maneras de afrontar lo que está apareciendo. A partir del análisis de lo existente, los artículos recopilados en este libro intentan entender cuáles son los mecanismos a través de los que produce la arquitectura y la ciudad contemporánea.
El conjunto de reflexiones que constituyen este libro, intentan acuñar algunos conceptos y categorías de la arquitectura metropolitana actual. Dichas reflexiones nacen con el fin de contribuir a entender, y posteriormente actuar, en uno de los campos sometido a los grandes cambios y a los decisivos retos con los que se enfrenta nuestra civilización.

Extracto. © Reimpreso con autorización. Reservados todos los derechos.:

Extracto de la Introducción
Ignasi de Solà-Morales

No siempre ha sido evidente que la arquitectura y la ciudad tuviesen una estrecha relación ni que la construcción de la ciudad, su definición, pasase a través de sus arquitecturas. Indicaciones de esta relación las encontramos en toda la tratadística, desde el renacimiento hasta el siglo XIX, de la misma manera que los textos clásicos, desde Vitruvio hasta los tratados militares de castrametación, dan por supuesto que la forma de los edificios y la forma de la ciudad, campamento o asentamiento, están estrechamente relacionados.

También las construcciones monumentales, templos, palacios, catedrales o grandes espacios públicos, muestran siempre su intencionalidad urbana, es decir, la incorporación en la propia forma del edificio de las condiciones que el mencionado monumento va a establecer con el lugar que ocupará en la ciudad. Diríase que esta relación es inapelable y que está enraizada en la naturaleza social tanto de la arquitectura como de la ciudad. En ambas realidades, si es posible separarlas, la condición espacial, por un lado, y la vocación de escenario de la vida humana, por otro, parecen encontrarse en una misma dirección.

Pero aunque esta relación parece teóricamente cierta y bien visible en el caso de la arquitectura y la ciudad histórica, no resulta tan claro pensar que hoy sea posible entenderla con la misma evidencia. En realidad, el contenido y el alcance de los dos términos, arquitectura y ciudad, se han hecho, ambos, problemáticos. Ni una ni otra realidad, arquitectura y ciudad, aparecen como algo consensuado; no actúan como puntos de partida establecidos a partir de los cuales el trabajo concreto de hacer ciudad y hacer arquitectura pueda ser entendido desde unos referentes comúnmente aceptados.

Los habitantes de la ciudad no la sienten a menudo como propia. La sufren como una fatalidad y tratan de huir de ella hacia lugares suburbiales donde la identidad se perciba a escalas más pequeñas, con relaciones más restringidas, con separaciones más claras entre lo público y lo privado. Ni siquiera la palabra ciudad es algo que sirva para describir el lugar de la vida asociada, de un modo articulado, donde se comparten algunos valores que, no por casualidad, llamamos civiles (civitas, ciudad). Megápolis, metrópolis, posmetrópolis, cyburbia, exópolis, global city y un largo etcétera de neologismos formados a partir de los términos clásicos grecolatinos de polis, urbs y civitas, parecen haber abierto el camino a la proposición permanente de palabras nuevas que permitan denominar una realidad que se entiende que ya no es igual a la de la ciudad histórica.

En relación a la arquitectura también nos encontramos con una problemática que atañe a su definición. Arquitectura es edificación, recinto, instalación, espacio. Pero es también refugio, casa, estructura, lenguaje. Es interior o exterior; es permanente o efímera; artística o técnica; razón o expresión; urbana u objetual.

Este texto, fruto de una serie de tentativas por entender cómo se produce hoy la relación entre lo que entenderíamos contemporáneamente por arquitectura y por ciudad, propone como marco conceptual más genérico la palabra territorio.

Se trata de una noción previa a cualquier definición más precisa y que, por lo tanto, asume la condición problemática que hoy supone tanto la arquitectura como la ciudad. Pero, al mismo tiempo, aquí se propone la noción de territorio no sólo como el sistema de espacios habitables, con su determinación topográfica, histórica y social; también como el punto de partida, el lugar de encuentro de la actividad formativa, que es al mismo tiempo la arquitectura y la ciudad en cualquier sentido que podamos dar a estos términos.

La organización de la vida colectiva no siempre se construye sobre un sistema de valores colectivos. Ni la solidaridad, ni la democracia, ni el prójimo (el próximo) son necesariamente referentes capaces de estructurar un espacio de vida común. Un exacerbado individualismo y una evidente necesidad de los servicios ofrecidos por los otros parecen competir en la búsqueda de modelos de convivencia que reduzcan al mínimo compartir, colaborar, confiar. La ciudad, como proyecto político, suena más como una redundancia (ciudad-político/polis) que como un punto de partida consistente.

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