En 1908 G.K. Chesterton publicó Ortodoxia, probablemente su escrito teológico más importante. Aunque aún le quedaban veintiocho años de vida y un sinfín de libros por escribir, su filosofía late ya con toda claridad en Ortodoxia, un texto clásico de la apologética y la espiritualidad cristiana, el relato de su insólito viaje del escepticismo a la fe. El dramaturgo Francisco Nieva dijo que este es el libro más optimista del siglo XX. El periodista y teólogo Philip Yancey confesó que, si además de la Biblia pudiera llevarse un libro a una isla desierta, llevaría sin dudas este.
Ortodoxia es la inocencia recuperada, es descubrir lo que ya había sido descubierto, es elegir estar en casa después de dar la vuelta al mundo y volver al lugar de partida. La filosofía de Chesterton es una respuesta potente al escepticismo que marcó su juventud y que sigue entenebreciendo nuestro mundo. Cuando empezó a dudar de la duda, se descubrió ya en camino a la ortodoxia. El pródigo tuvo que arrastrarse en el fango para aprender el valor de su hogar; Chesterton tuvo que toparse con la irracionalidad de los racionalistas y con el desprecio por la humanidad de los humanistas para volver a los brazos de su Padre.
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