Sopa De Pollo Para El Alma Del Adolescente / Chicken Soup for the Teenage Soul: Relatos Sobre LA Vida, El Amor Y El Aprendizaje (Sopa de pollo para el ... Chicken Soup for the Soul) (Spanish Edition)

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9780606194228: Sopa De Pollo Para El Alma Del Adolescente / Chicken Soup for the Teenage Soul: Relatos Sobre LA Vida, El Amor Y El Aprendizaje (Sopa de pollo para el ... Chicken Soup for the Soul) (Spanish Edition)

Shares anecdotes about friendship, family life, love, kindness, success, learning, and ambition.

"Sinopsis" puede pertenecer a otra edición de este libro.

About the Author:

Jack Canfield and Mark Victor Hansen, the #1 New York Times and USA Today best-selling co-authors, are professional speakers who have dedicated their lives to enhancing the personal and professional development of others.

Excerpt. © Reprinted by permission. All rights reserved.:

1
Sobre Las Relaciones

L-as relaciones, de cualquier tipo, son como arena en la mano. Si la sostienes suelta, con la mano abierta, la arena se queda donde está. En el instante en que cierras la mano y la comprimes para retenerla, la arena se te desliza entre los dedos. Tal vez conserves un poco, pero la mayor parte se te escurrirá. Una relación es algo similar. Si la dejas suelta, confiriendo respeto y libertad a la otra persona, lo más probable es que se mantenga intacta. Pero si la atrapas demasiado, si eres demasiado posesivo, la relación se escabulle y se pierde.

Kaleel Jamison, The Nibble Theory


Después de un tiempo

Después de un tiempo aprendes la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma,
Y aprendes que amar no significa apoyarte y compañía no significa seguridad,
Y empiezas a aprender que los besos no son contratos y que los obsequios no son promesas,
Y comienzas a aceptar tus derrotas con la cabeza en alto y los ojos abiertos, con la gracia de un adulto, no con el pesar de un niño,
Y aprendes a construir todos tus senderos en el ahora porque el terreno del mañana es demasiado incierto para hacer planes.
Después de un tiempo aprendes que hasta el sol quema si recibes demasiado.
Así que siembra tu propio jardín y decora tu propia alma en lugar de esperar a que alguien te traiga flores.
Y aprendes que en verdad puedes resistir . . .
Que en verdad eres fuerte,
Y que en verdad vales.

Veronica A. Shoffstall
escrito a los 19 años


Espíritus afines

A menudo he narrado a mi hija Lauren la historia de cómo su padre y yo nos conocimos y de nuestro ena­moramiento. Ahora que tiene 16 años, está preocupada porque comprende que su espíritu afín puede estar sentado junto a ella en una clase o hasta le puede pedir una cita, pero todavía no se siente preparada para hacer el mismo compromiso que sus padres hicieron años atrás.

Conocí a Mike el 9 de octubre de 1964. En la fiesta de nuestra amiga Andrea se encontraron de extremo a extremo del patio nuestros tímidos ojos. Nos sonreímos y después de un rato nos encontramos enfrascados en una conversación que duró toda la noche, excluidos todos los demás. Yo tenía 11 años, y él 12. A los tres días ya salíamos juntos, lo que terminó después de un mes algo tumul­tuoso.

Meses después, Mike todavía me invitó a su espectacular bar mitzvah e incluso me sacó a bailar. (Años más tarde me confesó que a pesar de mis frenos, mis piernas flacuchas y mi cabello estrambótico, pensaba que yo era bonita.)

Mike y yo teníamos muchos amigos en común, y en la escuela pertenecíamos al mismo grupo social, por lo que a lo largo de los siguientes años nuestros caminos se cruzaron de continuo. Cada vez que yo terminaba con un novio u otro me rompía el corazón, mi madre exclamaba, 'No te preocupes, tú vas a terminar con Mike Leb'. Yo gritaba, '¡Jamás! ¿Por qué piensas eso?'. Me recordaba lo mucho que aparecía su nombre en mis conversaciones y lo buen muchacho que era.
Por fin llegué a la secundaria, llena de nuevos muchachos agradables. Estaba lista. ¿Y a mí qué me importaba si Mike salía con mi mejor amiga? ¿Por qué, me preguntaba, me estaba volviendo esto loca poco a poco? ¿Por qué nos encontrábamos conversando mientras esperá­bamos nues­tros autobuses? Jamás olvidaré los mocasines azul marino que usaba. Nadie más, que yo conociera, usaba unos zapatos tan extraordinarios. Las palabras de mi madre aparecían a menudo en mi cabeza, pero yo todavía las quería borrar.

En el verano después del décimo grado, Mike y yo pasamos más tiempo juntos, en compañía de su novia, también conocida como mi mejor amiga, y otros. Ese ve­rano Mike partió hacia México en un programa para aprender español. Me di cuenta que en verdad lo extrañaba. Cuando regresó en agosto, me llamó y vino a casa. Se veía tan adorable con la piel bronceada y su porte mundano. Todavía no hablaba una palabra de español, pero estaba tan guapo. Era el 19 de agosto de 1968 cuando nos miramos frente a la puerta de mi casa y nos dimos cuenta que necesitábamos estar juntos. Claro que teníamos que esperar hasta después de la cita que yo tenía esa noche con otro muchacho. Le dije a mi preten­diente que iba a empezar a salir con Mike, por lo que tenía que regresar a casa temprano. Mike le dijo a su novia, con quien rompía y volvía una y otra vez, que rompían otra vez y para siempre.

Mantuvimos nuestra relación en secreto hasta que la pudiéramos anunciar orgullosamente en la siguiente fiesta. Llegamos tarde, y abiertamente anunciamos a todos nuestros amigos que oficialmente éramos una pareja. Nadie pareció sorprendido, ya que todo lo que se oyó fue, 'por fin'.
Después de graduarme de secundaria me fui a la universidad. Aguanté 10 semanas hasta que pude hacer mi cambio a una universidad más próxima para estar cerca de Mike. El 18 de junio de 1972 nos casamos. Yo tenía 19 años, y Mike 20. Establecimos nuestro nido de amor en la residencia para casados mientras ambos terminábamos la universidad. Yo me gradué de maestra de educación especial, mientras que Mike continuó en la escuela de
medi­cina. Ahora, 25 años después, yo les sonrío a nuestra hermosa hija Lauren y a nuestro guapo hijo Alex. Aunque el legado de sus padres hace que ellos vean las relaciones de secundaria algo diferente, ellos jamás tendrán que preocuparse de que sus padres les digan 'No lo tomes tan en serio; es sólo un amor de adolescencia'.

Fran Leb

Cómo perdí a una señorita maravillosa

Jamás pierdes cuando amas. Siempre pierdes cuando te cohibes.

Barbara De Angelis, Ph.D.

Jamás olvidaré el día en que vi por primera vez 'un sueño caminando'. Su nombre era Susie Summers (cambié el nombre para proteger lo fantástico). Su sonrisa, que brillaba debajo de dos ojos que centelleaban, era fabulosa y hacía que quienes la recibían (en especial los muchachos), se sintieran algo muy especial.
Aunque su belleza física era sorprendente, su invisible belleza es la que siempre recordaré. Su preocupación por los demás era verdadera y tenía un extraordinario talento para escuchar. Su sentido del humor hacía que tu día completo brillara y sus sabias palabras eran siempre exactamente lo que necesitabas escuchar. No sólo era admirada por todos, sino genuinamente respetada. Con todo en el mundo para ser vanidosa, era sumamente modesta.

No es necesario decir que era el sueño de todos los muchachos. En especial el mío. Conseguí acompañarla a clase una vez al día, y una vez incluso llegué a almorzar solo con ella. Me sentí en la cumbre del mundo.

'Si pudiera tener una novia como Susie Summers, jamás volvería a poner mi vista en otra mujer', solía pensar. Pero consideraba que alguien tan maravilloso sólo podría salir con alguien mucho mejor que yo. Y aunque yo era presidente del cuerpo estudiantil, sabía que no tenía ni la más remota posibilidad.
Así que al graduarme le dije adiós a mi primer gran amor.

Un año después encontré a su mejor amiga en un centro comercial y almorzamos juntos. Con un nudo en la garganta, le pregunté por Susie.
'Bueno, ya se recuperó de ti', fue la respuesta.
'¿De qué hablas?', le pregunté.

'Fuiste en verdad cruel con ella al hacerla pensar que la cortejabas, siempre acompañándola a clase y haciéndola creer que te interesaba. ¿Recuerdas aquella ocasión en que comieron juntos? Bueno, estuvo frente al teléfono todo el fin de semana, estaba segura de que la llamarías y le pedirías que saliera contigo.'
Temía tanto el rechazo, que nunca me arriesgué a que conociera mis sentimientos. Supón que le hubiese pedido que saliera conmigo y que me hubiese respondido que no. ¿Qué es lo peor que podría haber sucedido? Que no hubiese salido con ella. Bueno, ¿sabes qué? DE CUALQUIER MODO NO SALÍ CON ELLA. ¡Lo que peor sienta es pensar que tal vez pude haberlo hecho!

Jack Schlatter


©2008. Fran Leb and Jack Schlatter. All rights reserved. Reprinted from Sopa de Pollo para el Alma del Adolescente by Jack Canfield, Mark Victor Hansen, Kimberly Kirberger. No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system or transmitted in any form or by any means, without the written permission of the publisher. Publisher: Health Communications, Inc., 3201 SW 15th Street , Deerfield Beach , FL 33442.

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